Ana Lizette Avilés 2001 – 2002 – Fundación Reina de Quito

Ana Lizette Avilés 2001 – 2002

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El reinado se me presentó de manera muy repentina, no era algo que había ansiado desde niña o que lo había estado persiguiendo. Sin embargo, había regresado de Houston después de 8 años de permanencia y fue cuando me propusieron ser candidata. La idea no sonaba tan descabellada, después de todo, había estado desconectada de mi país, de mis raíces de mi gente y qué mejor oportunidad de volverme a integrar. Dejé un trabajo muy interesante que me permitía aplicar los estudios de hotelería, que era en lo que había invertido mucho los últimos años. Sin embargo, estaba convencida de que nada es coincidencia y creo que las experiencias que vinieron después de ese sorprendente año, marcaron mucho a la Ana Lizette de ahora.

Sería falso decir que la corona de Reina de Quito me cambió o me transformó, por lo menos, no inmediatamente y no de una manera tan explícita. Para mí fue un despertar de conciencia… conciencia de una realidad, que es claro que conocía, después de todo la educación acertada de mis padres y maestros hicieron que la tenga muy presente. Sin embargo, despertó en mi la responsabilidad de integrarme a la realidad como partícipe importante en donde no solo debía ser una observadora sino buscar de qué manera podía ser parte de ella.

En el año de reinado, todo pasa muy rápido y la dinámica del mismo te permite apenas saborear levemente todo lo que una persona y una institución con vocación social puede hacer por Quito. Es como una bandeja de oportunidades en donde se presentan muchas opciones, muchos caminos, muchas manos, y sin importar cual puerta se abría, que camino tomaba o que mano estaba a mi alcance, el resultado fue un increíble año lleno de satisfacciones personales, humanas, y espirituales.

Cuando te involucras en actividades sociales, el primer instinto es estar eternamente agradecida por lo que tienes. En mi caso, venía de una familia increíble que me había dado ejemplo, coraje, preparación y todo para estar ahí. Pero el siguiente paso fue sentirme agradecida porque tenía mucho que ofrecer… Y así me sentí desde ese año.

En mi experiencia personal yo ya tenía 23 años, graduada de universidad, con un trabajo estable. Puedo decir, sin titubear, que la experiencia del año 2001-2002, constituye en mi bagaje de experiencia, lo que más ha fortalecido mi carácter, pues, inculcó en mí una gran dosis de seguridad y me hizo dar cuenta de todo lo que era capaz. Después de todo, no creo que todos puedan pararse en un escenario y de la manera más inocente y frontal pedir a un grupo de jurados que la escojan para representar a su ciudad. Luego, aparecerse en cuanto medio de comunicación posible para llevar su mensaje, salir a las calles y sentarse en innumerables salas de espera de empresas para convencer a los gerentes más ocupados que me den su auspicio, apoyo o respaldo a mis actividades. Y eso fue lo que hice durante el año de reinado. Si es que me topé con alguna puerta que se cerraba con un NO, la verdad es que surgía otra puerta más grande que se abría con muchos SÍ alentadores.

Creo que es importante recalcar que la Reina de Quito a través de los años siempre ha sido un personaje público muy querido. Yo pude palpar y sentir ese cariño, esas manos amables de niños y adultos, esos abrazos sinceros y fotos que sé que estarán ahorita en las paredes de algunos hogares y eso no tiene precio. Esa sin duda fue el combustible de mi año de reinado, y al mismo tiempo estaba muy consciente de que ese amor a la Reina se lo habían ganado todas las que me precedían y era mi responsabilidad seguir dejando en alto esa bien ganada reputación.

“El que no vive para servir, no sirve para vivir”, fue una frase de la Madre Teresa de Calcuta, que escogí para colocar en mi tarjeta de despedida del Reinado y en ese momento simplemente era una frase bonita que ameritaba estar ahí … pero después de muchos años comprendo el verdadero significado de servir y esa frase ahora sí que marca mi comportamiento diario.

El servicio no significa necesariamente la dedicación por completo a obras sociales o a recaudar grandes fondos o donar un sin fin de cosas en Navidad. No soy de los miembros más activos de la Fundación Reina de Quito, debido a mis actividades personales y profesionales diarias. Pero el despertar que tuvo en mí ese año de reinado, ha hecho que yo esté alerta en mi diario vivir de las personas que requieren de mí, de escuchar y hacer míos los problemas de quienes me rodean, de abrir oídos, ojos y corazón y realmente vivir la vida como protagonista, no como extra en una obra de teatro. Las personas que están en tu vida llegan por un motivo y el ser parte de la vida de otros ya sea en el plano personal, profesional o cotidiano te hace importante y tienes una función con respecto a ellos. Es cuestión de tomarse el tiempo de escuchar y saber cuándo hablar o cómo actuar.

Como en todo en la vida, hay que reconocer las cosas en las que tienes fortaleza y las que no haces tan bien. Mi fuerte nunca ha sido organizar eventos, de hecho tuve pésimo poder de convocatoria ese año, así que me dediqué a hacer lo que sabía mejor. Hasta el día de hoy no tengo problema en golpear puertas, especialmente si tengo atrás un fin tan relevante y una institución digna de representar. La manera como llevé mi año de reinado refleja mucho como es Ana Lizette en su vida, siempre en búsqueda de aprender cosas nuevas y en diferentes áreas que puedan aportar en mi vida y en donde pueda también dejar una huella. Nunca me quedaría en un lugar monótonamente solo por hacerlo. Me siento una persona que siempre está en la búsqueda de encontrar eso que me mueva, que me motive y que me de ánimos de hacer. ¡Qué influya en mi actitud positiva!

Recuerdo claramente cuando finalizó mi año de reinado y di vuelta atrás. Al comienzo sentí un vacío, porque en el trajín del reinado no tuve tiempo de armar un proyecto específico de enorme relevancia para Quito; luego me senté y empecé a ver todas las cosas pequeñas pero hermosas que había logrado y me sentí satisfecha. No era cuestión de tener un logro personal que después de los años puedan atribuir a Ana Lizette Avilés, era el dejar atrás un año de entrega a un sin fin de personas y de instituciones a las que se pudo ayudar; el haber estado involucrada en distintas actividades y ser autosuficiente en un período de importante transición de la Fundación Reina de Quito, al salir Noemí Abuja de la Dirección Ejecutiva e incorporarse Sofía Arteta. Fue el lograr conseguir padrinazgos corporativos importantes que ayudaron a sostener el que en ese entonces era el “Proyecto Apoyo”, hoy Centro Infantil Aprendiendo a Vivir, y encontrar buenos aliados para crecer.

Debo confesar a los cuatro vientos, que tengo una inmensa gratitud y admiración por la Fundación Reina de Quito ya que solo con el apoyo y la gran preparación que ha alcanzado, guía y respalda a las reinas, de año en año, para que tengan la oportunidad de sacar el mayor provecho de todo lo que se presenta su reinado. Aconsejando a la Reina cómo actuar, cómo priorizar su tiempo para poder atender a tanta solicitud de ayuda, de tanto programa, acto, acontecimiento; porque todo evento es importante, desde la inauguración de un parque del barrio más recóndito, hasta los proyectos cívicos junto al Alcalde de la Ciudad.

Apoyándole siempre, por ejemplo, frente a los medios de comunicación, quienes son primordiales para su gestión, pero que cuando quieren pueden ser muy impertinentes y logran intimidar fácilmente a esta nueva Reina que desea agradar a todos y corresponder ese enorme cariño auténtico que le demuestran. Y lo principal, convirtiendo a esta Reina en una Guerrera, que desde el momento que se cierra el telón de la Elección debe trabajar duro y con la misma sonrisa salir a golpear puertas, a atrapar oportunidades… y sólo me pregunto: “¿Cómo hicieron las reinas antes de que exista la Fundación?”

En el año 2004, fui Vicepresidenta de la Fundación y en un futuro cercano, una vez que mis ocupaciones profesionales y de madre así lo permitan, quisiera volver a involucrarme de una manera más activa en las actividades que realiza. La familia de la Fundación Reina de Quito ha estado conmigo en tiempos de alegría y de congoja, y día a día me siguen sorprendiendo con ese lazo tan grande de afecto, tan propio suyo, que sigue vigente y siempre en alto. Todas sus integrantes tienen mucho que aportar y cada una es una pieza importante. Se han convertido en amigas y confidentes que han contribuido de una u otra forma en mi crecimiento personal de estos años.

Claro que para mí hay personas que definitivamente se llevan un lugar especial, empezando por la Chío (Rocío Avilés), que por ser mi tía querida y ex Reina de Quito, no ha dejado de ser mi ejemplo, mi inspiración del bien hacer de las cosas, grandes o pequeñas. Y por supuesto, la Sofi, Directora Ejecutiva de la Fundación y ex Reina también, quien me llena de su admiración personal y profesional y no deja de inspirarme su nobleza, respeto y tranquilidad con que hace sus cosas.

La banda y la corona que ahora guardo con orgullo, y con la cual mi hija Nicole juega a ser princesa, es solo un recordatorio de lo privilegiada que fui por tener ese año de gratas e inmemorables experiencias, que han influenciado en ser quien soy, y de lo que soy capaz de hacer.