Ana María Serrano 1997 – 1998 – Fundación Reina de Quito

Ana María Serrano 1997 – 1998

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Tenía 19 años cuando acepté el ser candidata a Reina de Quito. Estaba en la Universidad estudiando Derecho, cuando me llamaron a la convocatoria. Lo primero que pensé fue en que sería una excelente oportunidad para crecer pues la experiencia de un certamen de ese tipo sería maravillosa, más aún con el prestigio que tiene el Reina de Quito. Así, decidí aceptar sin llegar a imaginar todo lo que iba a aprender y a ganar una vez que fui Reina de Quito.

Creo que si uno se pone en la tarea de decir qué significa, las palabras se quedan cortas. Creo que en mi vida hay un antes y un despúes de mi reinado. Marcó mi vida personal, profesional y familiar. En mi vida personal, llegué a entender que las barreras nos ponemos nosotros mismos, que nada es imposible siempre que se lo haga con pasión; que en el mundo estamos para cumplir una función que es el servir a los demás de una u otra manera; y que para mi suerte tuve la oportunidad de servir a mi ciudad y a la gente más necesitada.

En mi vida profesional tuve un vuelco significativo, de las leyes pasé a la comunicación social y apenas dejé el reinado me vi frente a un reto profesional enorme: Ser la presentadora de un noticiero, en esa época la presentadora más joven que tenía el país. El haber sido Reina de Quito me enseñó a afrontar los retos de una manera profesional dando todas mis capacidades, con una madurez diferente a la de una chica de 19 años; con la ventaja de conocer la realidad que muchos desconocen y despertó en mi el instinto periodístico de preguntar más allá de lo que estoy viendo.

En mi vida familiar gané hermanas, muchas ocasiones las hermanas no son solo de sangre. Eso sucede en la Fundación, somos hermanas más que de sangre, de objetivos, de tenacidad, de entrega, de amor.

Creo que lo más importante de mi reinado fue el objetivo que me tracé y que se fue cristalizando y materializando de ahí en adelante hasta tener el maravilloso proyecto con el que trabaja la Fundación en este momento. Yo me planteé que quería trabajar con niños con discapacidad cuando fui candidata. Gracias al respaldo de las ex Reinas y de quien era en ese entonces la Directora Ejecutiva de la fundación, Noemí de Izurieta, este proyecto pudo ir tomando forma y convirtiéndose en la maravilla que es hoy en día.

Mientras trabajábamos en dar forma y materializar este sueño, logré implementar el Edificio que había terminado de inaugurarse para que en él funcione un Centro donde capacitábamos a mujeres sustento de familia, en todos los aspectos, para que pudiesen trabajar como auxiliares del hogar. Era una manera diferente de mirar al servicio doméstico, y con ésto conseguir valorarlo más y que sea mejor remunerado. Buscábamos darles todo el soporte sicológico, emocional, físico, experimental para que pudiesen desempeñar sus labores de la mejor manera.

Se mantuvieron las ayudas médicas puntuales. Con el apoyo de la empresa privada pudimos hacer grandes aportes en línea blanca a diferentes albergues y ancianatos.

Otra de las cosas interesantes durante mi reinado fue el haber tenido la oportunidad de ser elegida para representar a mi país en Miss America Latina que se llevó acabo en El Salvador, con la suerte de ser elegida primera finalista y dejar muy en alto el nombre del Ecuador.

En mi reinado ocurrió algo interesante, yo fui elegida con el Alcalde Jamil Mahuad quien a los pocos meses dejó la Alcaldía para ser candidato y despúes Presidente. Por tanto, fue Roque Sevilla quien tomó la posta y continuó en la Alcaldía. Fue un año electoral, pero la acogida que para ese entonces tenía Mahuad hizo que las elecciones no fueran tan convulsionadas.

Fue un año duro en cuanto al clima ya que se presentó el Fenómeno del Niño, con mucha fuerza en la costa y amazonía. Tuve la fortuna que junto con las FFAA pude movilizarme y ayudar a quienes en esos momentos pasaban tragos muy amargos. Fue una de las experiencias que más recuerdo y más emociona mi alma, el tomar esos helicópteros, llegar a lugares tan alejados y tan necesitados; mirar esos recibimientos con la mucha o poca ayuda que llevábamos.

Son muchas las anécdotas que podría contar. Desde las de Quito empezaron las mil aventuras en mi vida. Recuerdo que en la inaguración de los coches de madera, yo estaba invitada para dar la partida pero nunca me imaginé que me montaría en uno y disfrutaría al igual que el resto de competidores. Cuando llegué a la meta fue cuando caí en cuenta de mi hazaña (por la distancia, altura y velocidad) había roto la banda, que en ese año en particular llevaba un diseño exclusivo del maestro Oswaldo Guayasamín.

No todas las anécdotas son divertidas, uno tiene sus momentos de tristeza, reflexión y a veces uno siente que fracasó. Recuerdo que durante ese año hubo un incendio muy fuerte en Esmeraldas, donde las victimas fueron muchos niños los cuales fueron trasladados a Quito de emergencia para tratar de salvar su vida. Decidí hacer un concierto reuniendo a artistas ecuatorianos. En esa época no había el apoyo con el que cuentan los artistas hoy en día, y quizás si hubiese tenido el apoyo de los artistas de Corazones Azules y el Mayor Zapata me hubiese ido mejor. La Fundación aunque no muy convencida del evento en ningún momento se desanimó en apoyar la idea que yo tenía, como siempre como hormigas nos pusimos a trabajar, incluso recibimos la grata presencia de la Reina de Esmeraldas que venía a colaborar con nosotras. El evento realizado en el estadio del Aucas, no contó con el apoyo que esperábamos. Fue tan poco público que solo tuvimos para cubrir los costos que representa el hacer un evento de tal magnitud.

Recuerdo haber llorado en el estadio, pero como siempre recibí un fuerte abrazo de alguien de la fundación en ese caso de María Teresa Donoso, que estaba ahí para apoyar y no dejarme desmayar.

Creo que una de las cosas maravillosas de la Fundación es que es un grupo de personas que siempre están ahí para recibirte, sin cuestionar, sin preguntar, sin reprochar. Es una institución donde todas las voces son escuchadas, donde la tarea principal es pensar en el prójimo, donde no hay egos ni celos ni protagonismos. El único protagonista es el objetivo que nos hayamos marcado y por el cual estamos dando todo.

Desde mi reinado a la fecha siempre he estado involucrada con la Fundación. Lastimosamente en este momento vivo fuera del país lo que me impide ir todas las semanas como lo hacía hasta hace un año. Pero creo que uno no necesita estar siempre presente para sentirse parte de algo, yo me siento que soy parte de la Fundación Reina de Quito porque siempre están en mi mente y en mi corazón. A pesar de la distancia sigo pensando de qué manera puedo ayudar … veo la distancia como una oportunidad y no como un impedimento.

Para mí la Fundación es mi refugio, ¡es más lo que gano que lo que doy! Sin duda los mejores momentos los he vivido y compartido en ella. Es mi fortaleza, mi inspiración y debería ser la inspiración de muchos el ver que cuando hay un objetivo principal, los objetivos personales se quedan de lado… es un verdadero TRABAJO EN EQUIPO por eso sus éxitos y resultados.

La Fundación es vida, es un lugar mágico donde las cosas pasan, los sueños se cumplen, los imposibles no existen, las amigas son para siempre, los recuerdos son diarios, la ayuda desinteresada es REAL. Todo ésto es posible por el compromiso que pone cada una de las ex Reinas.