Daniela Del Castillo 1995 – 1996 – Fundación Reina de Quito

Daniela Del Castillo 1995 – 1996

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Ser Reina de Quito fue el sueño de mi vida. Desde chiquita, jugaba a desfilar y contestar la pregunta en la Elección. Al ser mi mamá ex Reina de Quito y miembro activa de la fundación, pasaba todo el tiempo con las ex Reinas, para mí eran lo máximo, eran mis ídolos. Pude crecer y compartir con muchas reinas y ayudar en la medida de mis posibilidades. Conocí a fondo lo que era y lo que hacía una Reina de Quito.

Cuando cumplí 19 años, ya graduada del colegio tuve la suerte de que Celular Power me invitara a participar en el evento de Reina de Quito como auspiciante; por supuesto, que fue un SÍ inmediato. Mi papá, Jaime del Castillo, me acompañó a inscribirme en el Hotel Oro Verde y conocí a Gladys de Salas, Presidenta del Patronato Municipal San José de ese año, quien me apoyó durante mi año de reinado.

Para mi familia era muy especial el hecho de que participara, en especial para mi abuelo, doctor Jaime del Castillo Álvarez, ex Alcalde de Quito, quién sabía perfectamente bien lo que es ayuda social y sobre todo el amor a Quito; como también, para mi tía Consuelo Ordóñez de del Castillo, y por supuesto para mi mamá Ana Villaquirán, ambas ex Reinas de Quito. Mi madre fue mi ejemplo y guía. Era muy sincera y me decía que el hecho de tener en mi familia tantas personas relacionadas a Quito, no garantizaba que yo ganara.

Tuve la suerte de ser candidata con once chicas espectaculares, cada una con más cualidades que la otra para merecerse el título, y la verdad es que el tiempo de candidatura disfruté mucho de conocerlas, de crear una gran amistad que dura hasta ahora. Ellas me acompañaron como en ningún otro año, durante mi reinado en todos los eventos y actividades.

Fue difícil pasar a ser más formal de un día para otro, no sabía caminar con tacón alto ni maquillarme, pero gracias a los ensayos fui mejorando día a día. La noche de la elección fue maravillosa, me acuerdo hasta ahora como disfruté, no se diga el momento que me nombraron como Reina. Con todas las demás candidatas nos abrazamos, y se sentía el compañerismo y la verdadera amistad.

Empezó la realidad al día siguiente cuando a las 6h00 ya sonaba el teléfono de mi casa, para entrevistas en medios de comunicación. Asistir a los diferentes eventos por las Fiestas de Quito, la verdad es que no fue nada fácil por el ajetreo, y en especial, el asistir a la feria taurina pues no son de mi gusto personal ni comparto, pero respeto el arte taurino y a sus seguidores.

Me acuerdo un día a mediados de diciembre, que luego de semanas intensas de preparación y de fiestas de Quito, llegué a mi casa llorando y decía “ya no puedo más, estoy cansada, no le he visto a mi enamorado dos meses”. Mi mamá se acercó y me dijo: “Tranquila, no te preocupes, mañana le llamamos al Alcalde Jamil Mahuad y le dices que mil disculpas, que ya no puedes con esto, entregas tu corona, devuelves el auto, y se acaba todo”. ¡Solo al escuchar esas palabras, me limpié las lágrimas, me maquillé y seguí con todo el trajín!

Navidad es donde realmente comenzó el verdadero reinado. Había que organizar los regalos para los niños de escasos recursos. Margarita Bertero, ex Reina de Quito, me ayudó con una campaña llamada Los Niños Para Los Niños. Promocionamos que cada niño me llevara un juguete en buen estado al Colegio Anderson para que yo pudiera entregar a otro niño que lo necesitara. Fue todo un éxito, recolectamos muchos juguetes y además tuvimos donaciones de empresas privadas. Todo fue empacado con la ayuda de las ex Reinas y mi familia durante largos días y noches. La mejor recompensa a este esfuerzo fue al realizar el reparto: Fuimos en un camión municipal recolector de basura a muchos barrios de la ciudad, y al realizar las entregas pude contemplar niñas abrazando muñecas y dibujando sus amplias sonrisas junto a las de sus padres. Me di cuenta de lo maravilloso que era ser Reina de Quito.

En enero, empecé a trabajar con la Fundación directamente. Sofía Arteta, Reina anterior fue mi gran amiga, compañera, y guía. Junto a ella, Noemí Abuja de Izurieta (Mimí), directora ejecutiva de la Fundación; María Teresa Donoso, Rocío Avilés, Ángela María Restrepo, mi mamá y muchas otras más tuvimos la suerte de inaugurar las nuevas oficinas de la Fundación. Contribuíamos con mesas, sillas, escritorios, plantas de las casas de cada una … todo valía para nuestra oficina conocida como “la Casita de Muñecas”, por pequeña pero llena de ilusión y de amor.

Maduraba a pasos agigantados todos los días, al conocer que Quito era mucho más grande que las manzanas que rodeaban mi casa y el colegio. Aprendí que uno era capaz de conseguir lo que se propusiera; que el trabajo era una responsabilidad muy grande; como también, que habían personas de corazón duro que decían no a mis solicitudes. A mí llegaron casos terribles para atención médica y es así como, algo que ya veníamos haciendo se instauró como un Programa permanente de la Fundación: Las ayudas puntuales en salud para atender a personas verdaderamente necesitadas. Era desgastante y frustrante. Sentía que la ayuda era pequeña en comparación con problemas tan grandes. Alguna vez fue una señora con su hijo muerto en brazos porque no tenía dinero para enterrarle; otra, con lágrimas en los ojos porque si no conseguía una operación urgente para su hijo, éste se moría.

Así mismo, me tocó aprender que no todo era cierto, a ser menos ingenua, perceptiva y ver si realmente era verdad. Una vez fue un señor ciego y yo dudaba de su discapacidad, así que le hice una trampita con mis manos, y nos dimos cuenta que si veía! Qué pena, hubo más casos como éste.

Mi abuelo, mi gran ejemplo, me dijo algo que siempre recordaré: “Hijita cuando fui Alcalde casi ni usé el escritorio, sino que gasté muchos pares de zapatos caminado y trabajando”. Estas frases y muchas más de él y de mis padres, me sirvieron para guiarme en las ideas y obras que realicé durante mi reinado.

Gracias a mi trabajo de payasita, pude realizar varios festejos, en especial el del Día del Niño, y es por eso que hasta ahora muchas personas me recuerdan como la “reina payasita”.

Efectué una entrega de electrodomésticos, libros escolares y marcos de lentes en los barrios del proyecto Municipio-Unicef iniciado hace varios años. Con la Facultad de Odontología de la Universidad Central llevé a cabo una campaña de concientización en escuelas de escasos recursos a través de charlas con los padres, entrega de cepillos y dentífrico, y seguimiento posterior. En el Día de la Madre agasajé a doscientas madres en la Maternidad Isidro Ayora. Se dio inicio al primer desfile de modas Contrastes, que cuenta con 15 ediciones hasta el momento y reúne a los mejores diseñadores ecuatorianos. En ese año, se organizaron dos desfiles, en el Swissotel y en el Quicentro Shopping.

Durante mi año de reinado se inauguró el Edificio de actual Centro Infantil Aprendiendo a Vivir, cuya construcción fue iniciada por mis antecesoras. En ese entonces se impartía capacitación a mujeres para servicio doméstico, proyecto en el cual conté con la ayuda de mi tía Marianita del Castillo.

En ese año perdí en un accidente de tránsito a un primo adorado que tenía 15 años, y gracias a la ayuda de VIP PUBLICIDAD creamos una campaña hermosa para prevención de accidentes de tránsito; lastimosamente, después de golpear muchas puertas no contamos con el auspicio para promocionarla. Situaciones como ésta me hacían sentir derrotada, sin embargo con la ayuda y generosidad, pude cumplir mis sueños y los de muchas personas.

La Fundación, las candidatas, y mi familia fueron los pilares fundamentales para mi reinado, fueron mis cómplices para vivir momentos maravillosos que hicieron que pequeños detalles sean más grandes. Cada vez que escucho la canción “Quito es la Luz” de Damiano, que fue la canción de la elección, me hace recordar todo lo maravilloso que fue…

Después del reinado pude terminar mis estudios en la Universidad de Wisconsin donde saqué mi título de payaso profesional y trabajé en medios de comunicación importantes. Me casé y formé un hogar maravilloso, tengo un esposo que es mi compañero desde el reinado. Tenemos dos hijos, a quienes enseño el verdadero sentido de la vida.

Han pasado dieciséis años de entonces, y recuerdo al año de Reinado como la mejor universidad de mi vida, le doy gracias a Dios, y a todas las personas que me apoyaron. Mis hijos se sienten muy orgullosos de decir que su madre y abuela fueron Reinas de Quito. Y yo, de haber dado en vida a mi abuelo un motivo de orgullo para él y su familia.