Francisca Freile 1979 – 1980

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VALIÓ LA PENA… Todo comenzó con una visita a la cárcel de mujeres ubicada en el sector de El Inca. Me habían invitado a visitar la cárcel con la idea de que acepte mi candidatura al reinado de Quito.

Apenas tenía 18 años, y en ese momento, como suele pasar con jóvenes de esa edad, creía que ya lo había vivido todo. Terminé mis estudios de bachiller en ese año y me preparaba para estudiar la profesión que actualmente tengo que es arquitectura paisajista y diseño de jardines.

La verdad es que esa visita cambió mi manera de ver la vida, pensé que valdría la pena intentarlo. Nunca creí que llegaría a ser Reina de Quito, sin embargo, estaba segura de que no perdería nada intentándolo, y así comenzó un año maravilloso, en el que aprendí que la mayoría de la gente sufre muchas dificultades y demasiadas necesidades.

Cuando se es joven uno cree que todo lo puede cambiar y que es fácil, la inocencia de la juventud hace pensar que todo se puede lograr y ese sentimiento es el motor que te impulsa a trabajar y luchar por una causa que sientes es justa.

Luego de un año de intenso trabajo, muchas veces con decepciones y muchas otras con inmensas alegrías, me di cuenta de que siempre se puede lograr un objetivo trazado si se pone entusiasmo, vitalidad y optimismo.

Siento que el año en que tuve el privilegio de ser Reina de Quito, ha sido el año de mayor escuela de vida que yo haya podido tener. No existe universidad alguna que te enseñe tanto como un año de reinado. Quito no solo es una ciudad bonita, Quito tiene una cantidad de gente necesitada y que espera de una mano amiga para salir de sus dificultades. El ser Reina de Quito me brindó la oportunidad de conocer gente maravillosa y ayudar en lo que me era posible. Siento que me enseñó a ser una mejor persona, un mejor ser humano, capaz de tender una mano a quien lo necesita y esa gran experiencia me ha ayudado a lo largo de mi vida, en todas y cada una de las actividades que emprendo; me enseñó a luchar por un objetivo, a ponerme metas y luego, con felicidad y con esfuerzo, el alcanzarlas.

No creo que mencionar las obras efectuadas durante ese año tenga mayor importancia; fueron muchas o tal vez pudieron ser muchas más. Realmente un año es muy poco tiempo para hacer todo lo que uno quisiera, felizmente hay una vida por delante y no faltan oportunidades para poder ayudar a quien lo necesita. ¡Lo importante es poder descubrirlas!

¡Definitivamente… valió la pena!