Macarena Valarezo 1992 – 1993

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¡El reinado de Quito marcó mi vida! Fue el año más hermoso y con los mejores recuerdos que he tenido hasta hoy… ¡aprendí tanto! Viví cada instante, respiré cada molécula de aire, no creo poder describir lo intenso y desafiante que fue para mí ese año inolvidable.

Me involucré en tantos proyectos, dándome el tiempo para sacarlos a todos adelante: En Navidad, repartí 25.000 fundas de caramelos y juguetes; en el Día de la Madre, visité cada maternidad que pude llevándoles cositas para los bebés y sus mamás; en el Día del Niño, realicé un homenaje a más de 5.000 pequeñitos en la Cooperativa Jaime Roldós. En fin cada agasajo, cada homenaje, cada proyecto era una meta a la cual llegar… y llegar ganando!

Pero mi principal proyecto comenzó con un sueño: Hacer un albergue para los enanitos que andaban en la calle, ya que todas la noches, junto con mi hermosa amiga María Angélica Hidalgo, Señorita Confraternidad de ese año, y un grupo divino de amigos salíamos a repartir comida y a brindar salud ambulatoria.

Así empezó La Canción de la Esperanza. Contratamos al cantante Ricardo Montaner, llenamos la Plaza de Toros en un inolvidable concierto y conseguimos el dinero suficiente para iniciar la construcción del albergue soñado. Su diseño, realizado por el prestigioso arquitecto Marcelo Banderas, ganó el Premio al Ornato. Es así como el alcalde de esa época, Jamil Mahuad, por petición mía nos donó el terreno, aprobamos el diseño del edificio y puse la primera piedra. En ese edificio, funcionó inicialmente un Centro de Capacitación para Asistentes del Hogar, posteriormente el Proyecto Apoyo y hoy en día funciona, el Centro Infantil Aprendiendo a Vivir que atiende a niños con síndrome de Down.

Mi año de reinado pasó muy rápido. Fue la catástrofe de la Josefina, lo recuerdo como que hubiera sido ayer, y para allá nos trasladamos a ayudar a los que más necesitaban, y con el Programa Niños Durmiendo Alrededor del Mundo llevamos más de 2.000 kits con ropa, botas de caucho, colchones, fundas de dormir. Al realizar los repartos, las sonrisas de los niños y sus familiares jamás se me olvidarán. ¡Qué año más bello… qué anécdotas… qué lindo fue haberlo vivido!

Hay muchas anécdotas que llenan los recuerdos de mi mente. Íbamos a un reparto por el “Día del Niño”. Como cada día de mi Reinado era una experiencia maravillosa y no quería perderme detalle, no tomé en cuenta ¡los 39 grados de temperatura que tenía a causa de mi amigdalitis! Todo malestar se me pasó cuando alrededor de 5.000 niños me cantaron “feliz cumpleaños” en la Cooperativa Jaime Roldós. Después de eso, terminé en la cama por orden médica.

¿Saben algo? Yo creo que en ese año, mi vida cambió para siempre. Tuve la oportunidad de conocer a mucha gente, a muchos niños que hoy ya son hombres y mujeres de bien, con familias y un futuro, como John Chiluiza, un niño que vendía caramelos en la avenida de Los Shirys y a quien mi familia y yo le apoyamos para que deje las calles, estudie y pueda salir adelante. Él tenía 13 años, hoy tiene más de 30, se casó, trabaja con mi familia y hoy es como mi hermano, me cuida y me protege. Gracias a Dios, conocí gente tan maravillosa que se han quedado en mi alma y en mi corazón para siempre.

Ser Reina de Quito fue de gran importancia en mi vida. Primero, me puse la meta de seguir ayudando a mi ciudad y dejar mi huella en el tiempo. Más tarde, con esta base, me preparé y decidí ingresar a la política. Intervine en las elecciones municipales y hoy soy concejal de Quito, donde llevo tres períodos consecutivos, ya 10 años, siendo la Concejala con mayor votación unipersonal. El Reinado me abrió muchas puertas y me dio una visión más amplia de la problemática de mi Quito y por supuesto el compromiso de siempre velar por los que menos oportunidades tienen de salir adelante.

Lastimosamente por mis actividades en la Concejalía, no tengo el tiempo que la Fundación Reina de Quito demanda y por lo tanto no me he involucrado en la misma en los últimos diez años. Mi labor de concejal y los proyectos que impulso desde el Municipio ocupan el 50%de mi tiempo y el otro 50% tengo la hermosa labor de ser mamá de dos niños hermosos, Jose María de 10 años y Joaquín de 9 meses.

Me da tanta nostalgia ese año, que lo recuerdo con mucha alegría, y si yo tuviera una hija, la impulsaría a que sea Reina de Quito.

¡Realmente agradezco a Dios todo lo que viví ese año!