Margarita Bertero 1988 – 1989

DONAR

A finales de noviembre de 1988 mi vida cambió para siempre… fui elegida Reina de Quito y no sabía lo que me esperaba, tenía tantas interrogantes, tantos pensamientos venían a mi mente, pero todas mis dudas poco a poco se fueron despejando.

Empezaron las fiestas de Quito y todo era alegría, desfiles, toros, campeonatos de cuarenta, serenatas, entrevistas; desde ese instante me di cuenta de la importancia que tiene la Reina de Quito para todos sus habitantes. Las muestras de cariño de toda la gente. ¡Es increíble! Todos quieren saludarte, todos te dicen cosas bonitas y entre tanta felicidad, las fiestas llegaron a su fin.

De pronto me despierto con más de 400 cartas solicitándome agasajos navideños ¿Qué hago? ¿Por dónde empiezo? Con la ayuda de mi familia envié cartas a varias empresas para que me donaran dulces, las respuestas de solidaridad no se hicieron esperar, así que manos a la obra hicimos cuantas fundas de caramelos pudimos y con la ayuda del Municipio realicé los agasajos en barrios y guarderías de la zona periférica. Aquí iniciaron mis primeros encuentros con los más necesitados. ¡Cuánta pobreza! Me di cuenta que a pesar de ser quiteña, no conocía ni la mitad de mi propia ciudad y que había vivido hasta ese entonces, ajena a esta dura realidad.

Entonces me empiezo a preguntar: ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo ayudar a tanta gente? No creo que exista ningún ser humano que después de ver las necesidades de las personas se quede de brazos cruzados. Tuve mi primera reunión con la Fundación Reina de Quito. Que gratificante estar con personas que ya han vivido lo que tú estás viviendo y sobre todo las ganas de ayudar de todas ellas. Es así como poco a poco me involucré en los proyectos sociales de la Fundación que en ese entonces fueron Niños Durmiendo Alrededor del Mundo y Un Ecuador para Todos.

Otra entidad que siempre estuvo junto a mi fue la Cámara Junior de Quito. En sus oficinas hice mi centro de operaciones. Recibía una vez a la semana a las personas que querían hablar conmigo para ver si yo les podía ayudar en algo, generalmente lo que más solicitaban eran ayudas médicas, por lo que nuevamente me encuentro frente a frente con las necesidades de la gente pobre: sentir la desesperación de una madre que no tiene para curar a su hijo, de un esposo que no puede comprar las medicinas para su mujer. ¿Cómo una joven de 20 años enfrenta todos estos problemas que inevitablemente se vuelven tuyos? Imposible mirar con indiferencia el sufrimiento de tu prójimo, así que traté en lo posible de ayudar a estas personas con lo que podía, a través de donaciones, encaminado sus casos a otras fundaciones o instituciones de acuerdo a cada caso.

Siempre me gustaron los niños así que decidí que mi mayor esfuerzo estaría dirigido a aliviar en algo sus necesidades, así que elaboré un proyecto llamado Miguitas de Ternura y empecé a conseguir las donaciones, siempre con el apoyo incondicional de la Fundación Reina de Quito y la Cámara Junior, así que logré equipar a más de 30 guarderías de los barrios más necesitados y además construí una guardería en Solanda. Puedo decir que estuve satisfecha con los resultados de este proyecto, pero siempre te queda un grado de frustración y piensas que podías haber hecho mucho más.

Los meses pasaban tan rápido, tenía tanto por hacer, el tiempo no perdona y en un abrir y cerrar de ojos ya era Noviembre de 1989. Estaba en mi recámara colocándome el vestido para ir al Teatro Nacional de la Casa de la Cultura, para asistir a la gala de elección de la nueva Reina de Quito.

En el camino al teatro agradecí a Dios por el regalo tan maravilloso que me había dado, por conocer de cerca las necesidades de mi prójimo, por enseñarme que solo con esfuerzo y dedicación consigues alcanzar tus metas. No estaba triste porque sabía que podía continuar ayudando a través de la Fundación Reina de Quito. Tantas imágenes de lo vivido durante ese año maravilloso venían a mi mente en ese momento, pero sin duda todas las interrogantes que había tenido en un inicio ya tenían respuesta. ¡Definitivamente este reinado había cambiado mi vida para siempre!