Margarita Haensli 1977 – 1978 – Fundación Reina de Quito

Margarita Haensli 1977 – 1978

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Desde muy pequeña quería llegar a ser Reina de Quito. Recuerdo claramente las fiestas de 1967 donde salió electa Consuelo Ordóñez. Estuve festejando justamente en el barrio donde ella las celebró. Yo ya había sido Reina de mi barrio Rumipamba a los 14 años, pero en esa ocasión me dije: “¡Si yo pudiera ser Reina de Quito! y lo fui exactamente diez años después”.

No podía creer que como Reina de Quito iba a tener la oportunidad de ser útil y poder servir a mi ciudad con gran amor y dedicación, e identificarme con los problemas que afectan a los sectores sociales más vulnerables de la capital, donde se vive una realidad de pobreza, donde muchos individuos que demandan atención son olvidados y marginados. Esta realidad influyó en mi persona, al punto de volcarme con entusiasmo a apoyar todo proyecto capaz de ayudar a las personas a salir de aquellas tinieblas donde han permanecido, para que se conviertan en seres útiles a sí mismos y para la sociedad.

En la época de mi reinado, ya de por sí no contábamos con el apoyo que hoy tienen las reinas ya que no existía la Fundación Reina de Quito, y si le sumas la inestabilidad política de la época, que entraba a un período de elecciones presidenciales y legislativas, que preparaba el Triunvirato Militar presidido por el almirante Alfredo Poveda, para retornar la democracia. El arquitecto Sixto Durán Ballén renunció a la Alcaldía para lanzarse de candidato a la Presidencia, y tras él vendrían dos alcaldes más durante mi año de reinado, lo que impidió que mi labor tuviera la continuidad que me habría gustado.

El glamour del reinado no dejó de producirme satisfacciones. Cambia totalmente tu vida con tanta entrevista, invitaciones, cócteles y demás. Pero la principal satisfacción fue el trabajo cumplido con mucho cariño y episodios que marcaron mi vida, y que han quedado en mi memoria, como el de un niño con discapacidad, desnutrido y triste que un día me regaló una gran sonrisa y me dijo: “¡Qué lindo conocer a mi Reina!”

Tuve además la oportunidad de conocer todos los barrios de la ciudad y descubrir sus verdaderas necesidades. Viajé mucho por algunas hermosas ciudades como Cuenca, Ambato, Riobamba, Esmeraldas y en ese momento de mi vida pasaron a ser experiencias extraordinarias que se me quedaron muy adentro y que de algún modo me hicieron ver la vida de diferente manera.

Jamás podré olvidar lo que sentí cuando anunciaron: “Y la reina es… ¡Margarita Haensli!” No me lo esperaba y hasta hoy pienso que fue la cosa más maravillosa del mundo, te llega tanto al corazón que no sabes ni siquiera cómo expresar esa sensación.

Durante ese increíble año recuerdo haber pasado mucho tiempo en el Patronato ya que era el lugar desde donde realizaba mi gestión. Yo pasaba muchos días ahí, sobre todo con los niños, porque no tenía una oficina oficial aparte de mi propia casa. También iba mucho a las escuelas, para las que pude conseguir algunas donaciones de libros y materiales escolares, además de mantenerme muy involucrada con el ancianato de Conocoto, ya que me motivaba mucho trabajar en actividades con adultos mayores.

Al terminar mi reinado sentí que un año es muy poco, y volver al mundo real, a la vida cotidiana como ex Reina no resulta muy fácil. Fue para entonces que conocí a quien fue mi esposo y después de casarme tuve a mis dos hijas, Michelle y Paola, y me dediqué a ellas por completo, a tal punto de dejar el trabajo. Desde 2003, trabajo en el Colegio La Condamine donde mis hijas se graduaron, y si hubiera sabido lo bien que me iba a hacer trabajar, lo habría hecho desde mucho antes.

Cuando me casé, me fui a vivir afuera y desde mi regreso en 1996 siempre tuve en mente ir a la Fundación. Pero uno se dice mañana lo hago, pasado mañana lo hago y fui dejando pasar el tiempo. Pero al fin me animé y las busqué en el año 2009 y ha sido algo maravilloso. Envié una carta a Sofía Arteta, Directora Ejecutiva, y ella me respondió inmediatamente diciéndome que era bienvenida. El día en que fui lo hice con temor … no sabía cómo me iban a recibir porque ellas ya venían trabajando mucho tiempo, pero el rato en que abrí la puerta sentí como si las hubiera conocido toda mi vida. No sé por qué no di ese paso mucho tiempo atrás, pero nunca es tarde.

La Fundación Reina de Quito significa para mí un espacio de convivencia y apoyo, para que las personas necesitadas reciban nuestro afecto, amor y solidaridad. Mi vida ha cambiado positivamente desde que estoy cerca de la Fundación y puedo palpar de cerca las necesidades de mucha gente y puedo brindar mi aporte a las obras de la Fundación.

Nuestro trabajo como Fundación puede contribuir a la búsqueda de soluciones a las inequidades sociales, la pobreza y las enfermedades de muchos que se sienten abandonados a su propia suerte. El motor que impulsa mi acción es sentir que ayudo, y sobre todo en mi caso personal, el hecho de sentirme integrada a un trabajo que fortalece mi espíritu.

Por muchos motivos, mi vida no ha sido muy fácil en los últimos años. Mi incorporación a la Fundación Reina de Quito, fue un paliativo, una sensación angelical, y no dejo de agradecer por todo el aporte cálido y emocional que allí he encontrado en estos años. Ha sido un verdadero refugio para mí, me hace un bien infinito participar en los programas, ayudando en todo lo que puedo, asistiendo los miércoles a nuestras reuniones y aprovechando mi pausa de trabajo para compartir con las otras ex Reinas… me han dado una segunda oportunidad en la vida.