María Francisca Paz y Miño 2008 – 2009

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¡Una bendición de Dios, Embajadora de mi Ciudad! Sí, eso fue para mí ser Reina de Quito.

Debo estar eternamente agradecida con el Señor por esa confianza y responsabilidad que ÉL puso en mis manos. Cada día se llenó de experiencias diferentes, mi alma se enriqueció de la valentía de muchos hombres, mujeres y niños que siempre enfrentaron sus adversidades con decisión y heroísmo. Me di cuenta de que estamos en este mundo para ayudar dentro de nuestras comunidades y que tenemos una misión que cumplir. En mi caso, fue ser  embajadora de una causa noble: un trabajo de incansable dedicación.

Hoy considero que es mi obligación, pero sobre todo, motivo de mi más profunda ilusión y satisfacción personal seguir sirviendo a la gente de mi ciudad.

Recibí todo a cambio, amor de mucha gente que pasó por tanto, pero que siempre fueron los primeros en tener la actitud más positiva ante sus problemas.

Trabajé en la Fundacion Reina de Quito con los niños con Síndrome de Down. Son ciento veinte niños que forman parte del Centro Infantil Aprendiendo a Vivir.

Fui parte de sus terapias de lenguaje, observé que a pesar de sus limitaciones, cada uno tiene una cualidad, un atributo importante. También fui parte de las presentaciones que ellos realizaban, sus citas al médico, y conocí de cada uno su diferente situación. Conocí a los padres de familia, decidí conocer a cada una de las familias para poder hacer un mejor trabajo entre todas las que somos parte de la Fundación. Al saber más detalles sobre la vida de cada uno , se  encendieron en mí muchas ideas para poder ayudar. Creo profundamente que mis mayores maestros fueron estos niños y sus abnegados padres.

Organicé, como todos los años, el evento de la Guagua Linda y el Desfile Contrastes. Obtuve ayuda de muchas empresas para apoyar nuestros programas. Todos los miércoles, junto a Rocío Avilés trabajamos en las ayudas puntuales de salud, siempre tratamos de encontrar una mano solidaria para personas de escasos recursos. Participé en marchas de protección al medio ambiente, así como en las caminatas de Corazones Azules de la Policía Nacional. Trabajé en SOLCA con los niños y sus padres y apoyé la Feria Un Ecuador Para Todos con las personas con discapacidad, teniendo presente que son personas importantes dentro de nuestra ciudad, que tienen mucho que expresar, mucho que decirnos y nosotros mucho que aprender de ellos.

Durante el año de mi reinado, Quito tuvo tres alcaldes. Cuando comencé fue el General Paco Moncayo, a mitad de año asumió la Alcaldía el licenciado Andres Vallejo y finalmente, al concluir mi reinado el nuevo Alcalde era el doctor Augusto Barrera. Fue interesante apreciar como cada uno de los alcaldes tenían como denominador común  trabajar por la ciudad, aunque desde perspectivas diferentes. De cada Alcalde me llevo un buen recuerdo porque cada uno siempre apoyó a nuestra Fundación. Gracias al apoyo del General Paco Moncayo y su sucesor el Licenciado Andrés Vallejo y toda la gestión de Sofia Arteta, de Paola Vintimilla y de María Teresa Donoso, conseguimos que nuestro sueño se haga realidad, con la construcción de una nueva sede para las oficinas de la Fundación Reina de Quito, ya que después de 15 años ya no entrábamos en nuestra “casita de muñecas”. ¡El día que derrocamos la casita, fue un día que nunca olvidaré en mi reinado ya que se había muchas emociones encontradas!

Agradeceré siempre a mis padres, mis dos guías morales y espirituales, y a mis hermanas, que me han querido y me han llenado de alegría al entender que este sueño mío que no solo fue mío, porque todos estuvieron para trabajar por esta Fundación. ¡Es una familia muy grande!

Recuerdo que mi abuela siempre, desde que yo era muy pequeña, me decía que entre al concurso, pero yo no conocía muy bien de qué se trataba y estaba estudiando fuera del país. Fue hasta que entré a su página web y leí todo sobre los proyectos y la visión de la Fundación que me interesé. Una amiga me dijo que lo piense, y decidí que debía darme la oportunidad de ver este concurso como un trabajo serio al que estaba aplicando. Entré con una mentalidad muy abierta, no me desesperé, dentro del cansancio siempre sabía en mi corazón que ya había ganado experiencia y que ésto me vendría bien así no gane nada, pues Dios estaba conmigo y ÉL siempre hace cosas nuevas todos los días.

Yo estudio Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas, y siempre quise tener la oportunidad de estar presente en un trabajo donde se genere el cambio, la ayuda. Porque esa es la verdad: “me APASIONA la labor social”. Fue un vuelco grandioso que dio a mi vida este proyecto.  Sé que todo, desde que fui Reina, tiene un sentido, un sabor diferente. No me imagino mi vida sin ese bagaje de experiencia vivida, sentida y sufrida, y toda la gente que hace la mística sin fronteras de la Fundacion Reina de Quito.

Todas esas mujeres maravillosas que integran la Fundación son madres, abuelas, hermanas, hijas, pero sobre todo seres humanos que LUCHAN. Y que gran UNIVERSIDAD de vida que tuve y sigo teniendo. Siempre dije que cuando sea mamá, mis hijos crecerán sabiendo que ellos deben y es su deber ayudar a las personas más vulnerables. No veo de qué otra forma la vida es más enriquecedora que cuando se entrega todo tu ser al servicio de otra persona. No sé qué haría sin los niños del Centro Infnatil que son razón de alegría, y de por vida un gran COMPROMISO.

Ser Reina de Quito me cambió la vida, la mente, el corazón y despertó en mí a  una mujer segura de querer hacer el bien; una persona que dedica su tiempo y conocimiento en algo que vale TODO.  Hasta la presente fecha continúo estudiando para obtener mi título en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas, y soy Vocal principal en el Directorio de la Fundación. Creo que así podré no solo ayudar a los niños de mi ciudad sino del mundo, al acceder a organismos internacionales que nos proporcionen ayuda para esta noble causa.

Cuando estoy por terminar este relato, me viene a la mente un pensamiento del santo José María Escrivá de Balaguer, en su libro CAMINO: “Hacedlo todo por Amor, que así no hay cosas pequeñas: todo es grande. La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo”.