María Gabriela Galárraga 2005 – 2006 – Fundación Reina de Quito

María Gabriela Galárraga 2005 – 2006

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“Agradeceré a Dios cada día de mi vida por haberme dado tan lindo regalo”.

La noche de un 24 de Noviembre del 2005 recibí la bendición más grande que Dios me pudo entregar, obtener la designación de Reina de Quito. La vida de una joven promedio dio un vuelco de la noche a la mañana a causa de la designación.

Alguna vez escuché a alguien comentar “Dios sabe a quién elige como Reina de Quito”, razón por la que durante mi año de reinado me enfoqué en provechar al máximo del maravillo regalo que había recibido. Me comprometí a servir a mis semejantes con todo mi corazón; pues el servicio es la acción que más engrandece a los seres humanos.

Al principio no entendía por qué yo había sido la elegida, por qué tenía tanta suerte, por qué la gente me quería tanto… Tantas cosas que me cayeron de repente y mi compromiso fue devolver a mis semejantes todo lo que he recibido mediante mi trabajo.

Con ilusión, preocupación, felicidad, angustia y uno que otro conflicto, viví mis primeros días como Reina de mi ciudad. Ustedes recordarán que a los pocos días de haber sido elegida, las ex candidatas presentaron un comunicado en el cual manifestaron estar inconformes con mi elección alegando que había “comprado” mi título, pero los capitalinos fueron los que se encargaron de hacer que brille la verdad.

Palabras de apoyo, pancartas, gritos, artículos en medios de comunicación y demás fueron las demostraciones de afecto que recibí, sobre todo en la Plaza de Toros. Los quiteños estaban conmigo y eso era lo más importante para mí y mediante este libro quiero agradecerles por su cariño y confianza.

Más que un reinado, fue una gran experiencia de vida. Con cada día de trabajo, tuve la oportunidad de descubrir la realidad de mi ciudad y sobre todo de conocer a profundidad a la gente, niños, adultos, ancianos, de todo nivel social y, económico, de los cuales aprendí infinitas lecciones de vida. Esto y muchas otras cosas, hicieron que me enamore más de mi ciudad y sobre todo de la labor social.

Desde el primer momento en que fui elegida como Reina de Quito, un tanto nerviosa, preocupada pero feliz, supe la gran responsabilidad que había adquirido a mis 20 años. Les confieso que al momento en que mencionaron mi nombre como Reina de la ciudad empecé a caminar hacia adelante, pero al segundo paso dudé si había sido mi nombre el que escuché y solo pensé por un segundo el “papelón” que hubiera sentido, si habría sido otra la elegida y que yo hubiera caminado hacia el frente, ¡jajaja! los nervios a veces traicionan.

Mis planes siempre fueron aprovechar cada día para apoyar a los sectores más desprotegidos de la ciudad. Recuerdo que en mi primer día como Reina de Quito, realizamos un caminata en compañía del Alcalde Paco Moncayo desde el Municipio hasta la Plaza San Francisco. Durante la misma, un niño de unos 4 años de edad se me acercó y puso un centavo en mi mamo y me dijo: “Reina, usted va a ayudar a los pobres?… ¡Espero que con ésto pueda ayudar a muchos!”.

En Diciembre subidos en una volqueta, junto a mi familia, amigos y varias ex Reinas de Quito, hicimos una entrega de juguetes y caramelos para los moradores de los varios barrios marginados y desprotegidos de la ciudad. Fue un recorrido maravilloso lleno de alegría y villancicos.

Muchas veces he recibido comentarios, afirmando que una bolsa de caramelos no le cambia la vida a un niño, y estoy consciente de ésto, pero también considero que es una oportunidad maravillosa de recorrer mi ciudad, conocer a profundidad sus necesidades y al mismo tiempo poder sacar una pequeña sonrisa a varias personas al recibir un pequeño detalle en Navidad.

El 24 de diciembre visité la Unidad de Quemados del Hospital Baca Ortiz. Llevamos regalos para los niños que lamentablemente iban a pasar esa Navidad en el hospital. Fue una experiencia muy dura pues los niños no podían ni siquiera tomar los juguetes en sus manos por la gravedad de sus quemaduras.

Con el paso del tiempo me consolidé en la Fundación Reina de Quito y sobre todo aprendí muchísimo de las ex Reinas. Durante el año realizamos varios eventos para poder solventar los gastos del Centro Infantil Aprendiendo a Vivir donde en aquella época atendíamos con terapias a 95 niños con Síndrome de Down y además a cientos de ayudas puntuales en salud.

Junto a Bernardo Abad y su noticiero de la Comunidad, logramos recaudar varios miles de dólares para financiar las operaciones de personas que las requerían de urgencia. Adicionalmente apoyamos a los damnificados del volcán Tungurahua, en las zonas de Pelileo y Penipe. Además junto a las Reinas de Guayaquil y Cuenca apoyamos con vituallas y alimentos a varias familias en Guayas y Los Ríos que sufrieron de inundaciones. Además tuve la oportunidad de unirme a la campaña de alfabetización que realizó la Prefectura de Pichincha, en la cual con mucho orgullo se pudo afirmar que a finales del 2.006 el índice de analfabetismo en la provincia fue 0%.

Al mencionar las actividades que realicé durante mi reinado, considero importante agradecer a mi familia, a la Fundación Reina de Quito y a los quiteños por su inmenso apoyo y seguimiento de todas mis actividades, pues toda la ayuda que se dio es el resultado de un arduo trabajo en equipo.

Son tantas las necesidades que aunque un día llegara un hada madrina y te regalara 20 millones, no alcanzaría. A veces no podía dormir, me deprimía, me amargaba. No sabía qué hacer cuando necesitaba dinero pues en los próximos tres días iba a necesitar para una cirugía de corazón abierto, porque si no el niño se moría; para la operación de columna para la niña, porque si no se quedaba inválida. No es como un trabajo normal en una empresa. Yo era fuerte pero con la Fundación me siento más segura para seguir con mi carrera y enfrentar nuevos retos.

Estudié comunicación organizacional y periodismo… El reinado resultó ser la pasantía más espectacular de mi vida.

Me costó mucho despedirme. “La magia que ha envuelto mi vida y mi corazón durante el año la han provocado los niños que me han entregado toda su ternura, su cariño, su libertad su sinceridad. Me cuesta despedirme porque me he encariñado y me he enamorado del trabajo que he hecho, la labor social es algo que me ha llegado a apasionar y a llenar mi corazón, es algo que me ha complementado que me convertido en una mejor persona, más segura y más firme.” Este es un pequeño fragmento de mi discurso de despedida, en el que por más que lo intento no consigo describir el sentimiento que tenía al despedirme de mi reinado.

En repetidas ocasiones me han preguntado sobre la experiencia que representó para mi ser Reina de Quito, y en esta ocasión intentaré resumir en estas palabras: “Es servicio, entrega, humildad, compromiso, amor. Va mucho más allá de las luces, el escenario y el “glamour” que en general se piensa que denota este cargo y que en su mayoría es un criterio equivocado. Es enamorarse de Quito y convertirse en un actor comprometido por el cambio y las mejoras de esta bella ciudad”.