María José Jervis 1996 – 1997 – Fundación Reina de Quito

María José Jervis 1996 – 1997

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Para mí nunca había cruzado por mi mente el participar en el evento de Reina de Quito. Al terminar mis estudios en el Colegio Americano, me fui de intercambio estudiantil a los Estados Unidos y al regresar empecé a trabajar y estudiar mi carrera de Educadora Parvularia. Ya tenía un plan de mi vida, cuando de repente, en mis dieciocho años, recibí la propuesta para participar en este importante evento, “Elección de Reina de Quito”. Por supuesto que no me sentía preparada para participar; pero vino la insistencia el año siguiente, en 1996, a instancias de una prima cuyo marido trabajaba en una multinacional que quería auspiciar a una candidata. ¡Logró convencerme! Así que decidí aceptar y participar en esta nueva experiencia.

Esas dos semanas de preparación y entrenamiento fue “toda una novedad”, porque te enseñan cómo comportarte frente al público, qué debes hacer, cómo debes hablar y sonreír ante las cámaras, etc. Y para mí todo era nuevo pues nunca había estado metida en cosa semejante, ni a pretexto de aspirante a reina de deportes o de damita de honor. ¡Nada de eso!

Y vino la gran noche de la elección preparada meticulosamente por el Municipio de Quito, cuyo Alcalde era Jamil Mahuad. Yo esperaba solo terminar esta linda experiencia y luego de esa noche regresar a mi vida normal y continuar con mis estudios… Fue una total sorpresa cuando me nombraron la nueva Soberana de mi ciudad amada. ¡Qué corriente eléctrica sobrecogió todo mi ser y mi interior! No sabía cómo reaccionar ante la gran noticia de ser la Reina, hasta que me vi envuelta por los aplausos del teatro y la emoción de los espectadores, ¡simplemente brindé una gran sonrisa y empecé a saludar a todos!

Quizá, ahora, pueda exclamar que fue una experiencia que nunca imaginé vivir. La elección me hizo ver las mil caras de la ciudad que nunca había imaginado o palpado siquiera. Me llené de sensibilidad al constatar por mí misma, la dura realidad de la gente más necesitada. La “realidad” que yo conocía era un mundo lejano a lo que experimentaba día a día. Nada quedaba del entorno en que nací: familia, colegio, amigos, en donde había una nube calentada por otro sol que no alcanzaba a brillar para todos. ¡Todo mi mundo cambió de repente!

Vi esa otra cara de la vida que te dice y repite, que por pequeño que sea lo que puedes hacer, para alguien será una inmensa ayuda, que la ansiaban, que sabían que algún día llegaría. Por eso es que el reinado fue tan positivo porque desde mi perspectiva, el reinado me obligó a enfrentarme al público, a saber expresarme, a lograr relacionarme de una mejor manera con mis semejantes. Yo era más bien tímida y prefería mantenerme en mi mundo, antes que salir a exponerme frente a la gente. De hecho, fue la parte más difícil, la que más me costó durante el reinado; pero sobre todo, lo más importante fue el sensibilizarme ante la gente, ante las necesidades de los demás y pensar en que cada uno de nosotros puede hacer la diferencia.

Cuando empecé esa bella aventura, ya se había iniciado un nuevo período presidencial con Abdalá Bucaram Ortiz al frente. Fueron tiempos tumultuosos que me dificultó la posibilidad de recibir ayudas gubernamentales o recaudar fondos porque la gente andaba muy alborotada. Llevo en mi recuerdo con especial afecto, el apoyo y reconocimiento a nuestra labor, dispensada a mí y a la Fundación por el Alcalde de Quito, Jamil Mahuad, que incluso llegó a ser mi testigo de matrimonio.

El trabajo social y responsabilidad que abarca ser Reina de Quito, no lo asimilas hasta que llegas a tomar responsabilidad de tus deberes y obligaciones. Nunca imaginé el duro trabajo que me vendría luego de los aplausos y felicitaciones como nueva soberana. Eso es muy difícil saber si no lo vives intensamente como me tocó hacerlo, y me llena de dicha, porque es la universidad de la vida, que te pone en crisis una y otra vez, que te exige, te demanda; pero también te premia, te hace mejor, más abnegada, más realista, más humana, más sencilla, más persona, por toda la entrega y el inmenso esfuerzo cumplido con tanto amor, dedicación y renunciación.

Es una prioridad cotidiana que una llega a querer tanto, que hasta se apasiona y resulta fascinante buscar proyectos y, sobre todo, encontrar los recursos para financiarlos y llorar de felicidad porque sabes que vas a dar un poco más a más gente que aguarda por tí, por la Reina de Quito.

El dominio de mi timidez me fue dando frutos casi inmediatamente, y poco a poco, ya sin traumas ni miedos, me relacioné fluidamente con algunas empresas, que nunca me cerrarían sus puertas. Esta fue la deliciosa escuela de entregarme a mis anchas, hasta con el rango de “caradura y audaz”. No olvidaré aquel día tan especial en que el padre de una amiga, que es socio de un club de caza y tiro, donde sólo se reúnen entre hombres una vez por semana, me invitó para que gestionara dinero para mis obras de beneficencia; llegué a la reunión con una funda de papel, que la pasé de uno en uno, como pidiendo limosna, y fueron poniendo en ella cheques y cheques y cheques… ¡Qué vergüenza!, me dije después. Pero ellos habrán sabido a ciencia cierta que les di la oportunidad de servir y ser solidarios con los más necesitados de Quito.

¡Esa es la labor de la Reina! Buscar recursos con el fin de la ayuda social. Se continuaron los proyectos de la Fundación que estaban vigentes en ese año: Estaba por terminarse la construcción del edificio donde ahora funciona el Centro Infantil Aprendiendo a Vivir, así como continué con las ayudas puntuales para el área de salud de gente de escasos recursos.

Mi pasión por los niños, que desde niña tuve, se hizo aun más fuerte lo que me hizo enfocarme principalmente por los pequeños de mi ciudad, a propósito de que estaba empezando mi carrera universitaria de Educación Parvularia. Esto me llevó a dar prioridad a proyectos dirigidos hacia la infancia. Fue así que trabajé en la guardería de la Cárcel de Mujeres y en un proyecto de medicina preventiva con Aprofe.

La firma Merck Sharp & Dohme contribuyó para una campaña contra la osteoporosis; apoyé una corrida de toros para recaudar fondos destinados a un programa de trasplante de médula; organicé una nueva edición del certamen Miss Colegial y del desfile de diseñadores ecuatorianos de modas Contrastes. También me dio enorme satisfacción participar en la organización de un concierto de Def Leppard y de Enrique Iglesias para recaudar fondos para las obras de la Fundación.

Pero siempre guardas la sensación de que “habrías querido hacer más”. No me queda duda de que es muy difícil querer cambiar el mundo en un año, pero el hecho de trabajar y tener buena disposición, de saber que hiciste lo qué mejor pudiste, a mí me llenó de gran satisfacción y me hizo sentir realizada.

Después del reinado retomé mis estudios de educación y volví a la vida cotidiana de un ser común y corriente, de ciudadana, de hija… Fue simplemente dejar la corona y continuar con mi vida, con mi carrera, mi profesión y todo lo que me gustaba y quería hacer. ¡Claro que había madurado, cambiado y tenía otra perspectiva de la vida!

Hay que resaltar el hecho de tener una Fundación que respalde y apoye al trabajo de la Reina, lo que permite contar con una base para garantizar continuidad. Es por esto que el trabajo de la Reina de Quito es tan importante y sobretodo tiene una misión social de consistencia y continuidad, a diferencia de otros certámenes enmarcados solo en la belleza externa de la mujer, y no su riqueza interior, que es el motor que nos ha dado una razón de ser a quienes han tenido el alto honor de acceder a esta esplendorosa corona.

La Fundación es como una familia, un grupo muy unido y solidario. Debido a mi trabajo, no he podido ser más activa y participativa, a pesar de que los niños son mi vida. Y para demostrarlo creé hace seis años, mi propio Centro Infantil “Kikirikids Learning Center” en el Valle de Cumbayá, donde soy su Directora. Por otro lado, mis dos hijos, Valentina y Carlos Xavier, son una pasión a la que dedico todo mi tiempo. En todo caso, no descarto mis deseos de colaboración más estrecha con la Fundación, concretamente con el Centro Infantil, para aportar con mi conocimiento y experiencia de Educadora.

Veo con satisfacción que en estos últimos años se ha logrado difundir de mejor modo el trabajo de la Fundación, lo cual ha permitido que las reinas vayan involucrándose cada vez más en la labor social que desarrollan, que se ha enriquecido con chicas maravillosas que llegan con más ideas, mejor disposición y mayor preparación. Esto es muy bueno para reforzar la labor de todas las nuevas Reinas de Quito, que seguirán llegando y se sientan contagiadas con el entusiasmo de quienes hacen la Fundación; lo cual revierte positivamente en comentarios favorables para esta maravillosa labor, que está por encima del bien y del mal, como es la ayuda al prójimo más necesitado.

Nos llena de orgullo la labor de la Fundación Reina de Quito, que lo que aspira a hacer es un trabajo de hormiguitas, y si la hormiga reina tiene la energía suficiente, eso, obviamente, contagia en el ánimo de todas. ¡Por ello apoyamos con el mayor compromiso la gestión de la Reina dando toda nuestra experiencia y apoyo!