María Mercedes Laso 1989 – 1990 – Fundación Reina de Quito

María Mercedes Laso 1989 – 1990

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Era el mes de noviembre, 29 de noviembre de 1989 para ser exacta, con un escenario decorado con lugares típicos de Quito, como la Iglesia de Santo Domingo, calle de la Ronda, la Panadería Royal, Comisaría Primera. Vestidas con trajes típicos de la colonia y sombreros tipo español, contraje una gran responsabilidad que debía cumplir con mi hermosa ciudad capital. En un inicio fui electa Señorita Simpatía, estaba contenta y pensé que desde allí también podía ayudar; pero minutos más tarde, fui proclamada Reina de Quito. No podía imaginar que en una noche de color, alegría y confraternidad, el destino me brindaría la posibilidad de entregar mi tiempo, mi trabajo, y dedicación a la ciudad de Quito.

Empezaban las fiestas y asistía a la mayor cantidad de eventos posibles. El Pregón en la Plaza de San Francisco, el Desfile de la Confraternidad con carros alegóricos y las representaciones artísticas de los colegios de la ciudad y delegaciones provinciales, fueron los eventos que más me emocionaron especialmente por el cariño de la gente hacia el Alcalde de Quito, Rodrigo Paz y hacia mí. También disfruté de la serenata quiteña, las corridas de toros y los programas taurinos por la noche transmitidos desde prestigiosos hoteles de la capital. Las fiestas de Quito permitían que miles de quiteños y visitantes nacionales y extranjeros se diviertan cantando y bailando en homenaje a la capital de la República.

Al recorrer los innumerables barrios populares de la ciudad, me pude compenetrar con la triste realidad en la que se debatía su población y en particular los niños. Y sin duda, un cúmulo de experiencias positivas se iban desarrollando.

Así empecé con esta gran aventura de servicio a mi ciudad, y ya me esperaba una larga lista de pedidos de centros infantiles, escuelas pobres, guarderías para los repartos navideños. Toda esta demanda la pude satisfacer, en primer lugar, gracias a la ayuda y apoyo incondicional de mis padres en todas mis actividades; como también de las ex Reinas de la Fundación Reina de Quito; de la Alianza Francesa, mi auspiciante principal al evento Reina de Quito; así como de la generosidad de la empresa privada, Banco Caja de Crédito, Mercado Mayorista, Confiteca, Nabisco, La Universal, con cuyos auspicios pude solventar este presupuesto. Además, se hizo presente la ayuda de mis amigos del Departamento de Promoción Popular del Municipio y el gran apoyo de Mónica Padilla, con su enorme conocimiento de todos los barrios de la ciudad, ya que para ese entonces era funcionaria, que me guió para poder entregar de la mejor forma todo lo que había conseguido.

Seguía el tiempo su curso, y los pedidos de ayuda eran cada vez mayores, muchas veces eran cosas pequeñas como un cupo para un colegio o víveres para la semana de una familia pobre, ropa, útiles escolares, pero también habían los pedidos de oxigenadores para operaciones de corazón, prótesis, equipos médicos, equipamiento para centros de cuidado infantil etc. Lo más gratificante era el poder ayudar desde las cosas más simples hasta las más complicadas. Jamás olvidaré el abrazo y el gracias que recibí de mucha gente, pero en particular de una niña y su madre, varios años después, a la que había ayudado a salvar su vida cuando le hice llegar un tanque de oxígeno para su operación de corazón abierto.

En los primeros meses del año 1990, fui contactada por un grupo humano excepcional, la Cámara Junior de Quito, con quienes después de largas jornadas de deliberación y análisis conjunto, bosquejamos lo que más tarde sería el programa Especialmente para Tí. Pero nada sería imposible, ya que gracias a la ayuda una vez más, de instituciones como Diners Club, Fundación Mariana de Jesús, Conferencia Episcopal Ecuatoriana, y a entidades gubernamentales de ese entonces como el Ministerio de Finanzas, y el de Bienestar Social, se logró obtener los recursos necesarios para un equipamiento básico de los centros infantiles en Norte, Centro y Sur de la ciudad. Sin lugar a duda la obra que mas me llenó de ilusión fue la construcción de la Guardería en el Plan Solanda segunda etapa, más conocida como la Guardería del Pibe. Mucho tuvo que ver en su feliz realización la ayuda desinteresada de la Compañía Techint-Tenco y por supuesto la Fundación Mariana de Jesús, obra que fue entregada un año más tarde, completamente equipada y lista para albergar a un centenar de niños del sector.

Cómo olvidar el reparto de Niños Durmiendo Alrededor del Mundo, que hicimos con la Fundación Reina de Quito a donde estuvieron presentes los delegados canadienses de la fundación que hacían las donaciones y apadrinaban a niños ecuatorianos. Hacer estos “kits” fue una experiencia única y enriquecedora para el espíritu, ya que no solo éramos nosotras sino nuestras familias, amigos, novios, esposos, hijos, etc. Fuimos a varios lugares como la provincia de Chimborazo, a la comunidad indígena de Pungalá, en la provincia de Imbabura a la comunidad de Tocachi y en la provincia de Pichincha, a Malchinguí, a la Maternidad Isidro Ayora y otros barrios de la ciudad de Quito. Y para esto contamos con la gran ayuda de la Fuerza Aérea y la Brigada Galápagos, quienes nos apoyaron con transporte y personal para llegar a los sitios más apartados de las provincias mencionadas. Así mismo, con la Fundación Reina de Quito y mediante el convenio Municipio-Unicef pudimos entregar implementos a hogares comunitarios del barrio Lucha de los Pobres. Y más programas y actividades que sirvieron para mantener nuestra presencia en Quito.

Luego vendría el mercado de pulgas en La Marín con la Cámara Junior de Quito, el Festival taurino auspiciado por el Banco Caja de Crédito, desfiles de modas con la ayuda de las señoras de la Cámara de la Construcción de Quito. Más ayuda a los necesitados como el reparto y serenata en el Día de las Madres en la Maternidad Isidro Ayora; visitas a los barrios más necesitados para entregar donaciones de víveres, que los pudimos concretar gracias a la donación de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y empresas amigas. Mucho trabajo y dedicación para una ver al final una hermosa tarea cumplida en beneficio de los más necesitados.

Una anécdota enriquecedora para mí fue el visitar el Monasterio de Claustro de Santa Catalina, al cual asistí por una invitación de Sor Catalina Barba, una pariente cercana de mi padre, y fue realmente increíble que la Superiora autorizada a salir a varias de las hermanas del claustro para que me conocieran y brindamos con vino y biscochos fabricados por ellas. ¡Inolvidable!

No se ha dejado de trabajar por Quito y la comunidad. A través del Centro Infantil Aprendiendo a Vivir, para niños con síndrome de Down, nuestra obra central, la ayuda sigue. Hay también muchas personas, empresas, generosas que nos siguen dando su mano y confiando en la obra de la Reina de Quito. Hoy, sigo trabajando voluntariamente en todos los proyectos, antiguos y nuevos de la Fundación Reina de Quito. Apoyé durante el 2009 en el proyecto ambiental “Lindo Quito de mi Vida”, de reciclaje de desechos sólidos, con la comunidad de la Loma Grande en el Centro de Quito.

Ser Reina de Quito es un reto maravilloso, una experiencia no cuantificable en lo material y me quedaré siempre con la más grande de las gratitudes: la espontánea sonrisa de felicidad de cada uno de nuestros niños, de las madres, de los ancianos de esta ciudad, pues se trabajó y se trabaja para ellos, para la comunidad, para mi querida ciudad.

Nuevamente puedo repetir con mucha satisfacción la frase de un escritor famoso que refleja mi sentimiento de lo significará siempre en mi corazón el ser Reina de Quito y que dice: “Un día soñé que la vida era alegría. Desperté y me di cuenta que la vida era servicio. Serví y descubrí que el servicio es alegría”.