María Soledad León 1975 – 1976 – Fundación Reina de Quito

María Soledad León 1975 – 1976

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Cuando una noche llegué a casa me encontré con la esposa del Alcalde de ese tiempo, Sixto Duran Ballén, doña Finita, que pedía a mi madre mi participación en el certamen a Reina de Quito. En un principio yo no estaba interesada ya que dos hermanas mías habían participado antes en la elección, en 1966 mi hermana Margarita que quedó en segundo lugar, y luego en 1972 mi hermana Amparo que fue elegida Srta. Patronato.

Luego de hablar con doña Finita acepté participar en la elección, en la cual yo tenía la certeza de que no iba a ganar. En ese tiempo no teníamos apoyos ni auspiciantes que nos ayudaran, lo cual significaba una dura carga para mi familia, un gasto muy fuerte, en vista de que papá había fallecido tan solo dos años antes y éramos una familia muy numerosa, siete hermanas y dos hermanos. Además, sólo contaba con diecisiete años de edad.

Después de la elección, fui a hablar en la Alcaldía y en el Patronato, en donde se me dijo en términos muy claros que como de mí no esperaban nada, no recibiría ningún apoyo, “ya que la Reinita estaba solamente para figurar en fotos y presentaciones”, lo cual no fue nada halagüeño para mí. Así que no tuve más que pedir ayuda a mi familia, mamá, tíos y primos exclusivamente, y logré el aporte necesario que cubra la entrega de 7.000 bolsas de caramelos y juguetes para la navidad que repartí a niños pobres y desamparados.

Gracias a Dios, yo tuve siempre en casa la educación de ayudar a los necesitados. Con mi mamá, quien siempre fue mi apoyo incondicional, conseguimos el dinero necesario para mantener dos escuelas para niños con síndrome de Down, las que estaban localizadas en el camino a San Rafael, en el Valle de los Chillos a las que dimos mantenimiento, inclusive, por muchos años hasta después de irme a vivir a los Estados Unidos.

Aunque no estaban relacionadas de manera alguna con el Centro Infantil que ahora tiene la Fundación Reina de Quito, que vino después, me llena el corazón increíblemente el saber que se está trabajando en mejorar la calidad de vida de niños, que de otra manera no podrían vivir una vida normal y que fue siempre el sueño que tuvimos con mi madre.

Otra cosa que hicimos y que todavía existe, fue crear la Escuela Doctor Daniel León Borja, en la provincia de Chimborazo, escuela que ha crecido mucho, teniendo ahora hasta bachilleres. Cuando la empezamos era solamente la primaria y con mucho esfuerzo, debido a que en sus inicios, los indígenas no querían mandar a sus pequeños, porque muchas veces se trataba de largas distancias que recorrer a pie y eso les imposibilitaba. Pero ahora, prácticamente se maneja sola y es algo que nos ha llenado de orgullo, y digo “nos”, porque no he sido solamente yo, sino mi familia entera, especialmente mi madre. Es el sentido que tenemos de ayudar en lo posible y muchas veces tratar hasta lo que parece imposible.

Trabajé también en el Leprocomio y en el Asilo de Ancianos Corazón de María en Cotocollao, a donde llevaba a mis compañeras de colegio y amigos a que me ayudaran con los viejitos, a los cuales bañábamos, vestíamos, les dábamos de comer y en las tardes leíamos para ellos.

El haber trabajado con las cárceles de hombres y mujeres, y el tratar de ayudar en lo posible a los niños nacidos de madres encarceladas y a los hijos de las personas encarceladas, que en muchos casos tenían que vivir también en esas mismas circunstancias, me ha hecho aprender de la humildad con que hay que aceptar las circunstancias que la vida nos pone en nuestro camino.

Lamentablemente, debido a tanto trabajo que demandaba mi función de Reina de Quito, a mi obligación ineludible de coadyuvar también con los gastos de casa a mi familia tras la muerte de nuestro padre, mis estudios de quinto año de bachillerato, me causaron un agotamiento y shock nervioso, por lo que el médico me pidió que renunciara prácticamente a todo y me tocó dejar mis estudios y con mucho dolor también el reinado, que lo hice en Marzo, entregando la banda y corona a Ángela María Restrepo en ese mes.

Tengo que agradecer mucho a mis padres, doctor Daniel León Borja y Berthita Gándara de León Borja, por habernos inculcado a todos los hermanos el sentido del deber, que tenemos para ayudar al más necesitado ya que ellos siempre lo hicieron, y hemos crecido con ello.

Cuando María Teresa Donoso nos llamó a la primera reunión de ex Reinas en el Hotel Colón, fue increíblemente agradable el saber que podría seguir ayudando de alguna manera con ella y la Fundación. Trabajé en Niños Durmiendo Alrededor del Mundo y en la Feria Un Ecuador para Todos en sus primeros años. Estuve hasta 1991 cuando fui a vivir permanentemente a los Estados Unidos; pero nunca dejé de tener siempre en mi corazón a la Fundación y a mis “Reinitas”.

En el año 2011 regresé a pasar unos meses en Quito y tuve la gratísima sorpresa de que fui recibida en la Fundación como si no me hubiera ido nunca, con el mismo cariño de siempre.

Por ahora trato de ayudar en lo que pueda y me pidan, y mi compromiso para con la Fundación es trabajar desde Seattle, mi lugar de residencia permanente, donde estoy haciendo gestiones para conseguir padrinos para los niños del Centro Infantil y me interesa mucho el programa de Ayudas Puntuales de Salud, para el que estoy también consiguiendo aportes.

Retomar mi vida después del reinado fue un golpe duro, primero porque sentía que había fallado de alguna manera al no poder concluir mi período de reinado. Enseguida de eso, me casé y tuve a mis dos hijos, quedándome sola con ellos cuando tenía tan solo 21 años, ¡ahora ya tengo dos nietos!