María Teresa Donoso 1984 – 1985

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Se celebraban los 450 años de la fundación española de Quito y era la primera elección de Reina de Quito que organizaba el entonces Alcalde Gustavo Herdoíza, por todo lo alto, para esta conmemoración histórica. Para la elección, varias instituciones públicas presentaban sus candidatas y es así como DITURIS, la Dirección Nacional de Turismo, me pidió que fuera su candidata. Desde que acepté la candidatura, mi vida cambió. Empecé por guardar en el armario mi pinta de estudiante de primer año de Administración de Empresas: zapatos bajos, leggins y blusas largas para ponerme más formal y maquillarme. Tuve la oportunidad de reunirme con el Presidente de la República, León Febres Cordero, con el Prefecto, Fabián Alarcón, con el Alcalde y Concejales, y conocer la ciudad ya que recorríamos los barrios. Salí de la burbuja en la cual vivía entre mi casa, la universidad, mis amigos, para conocer situaciones diferentes y duras en barrios urbano marginales, en el Patronato Municipal San José, en fundaciones, en las calles… comencé a darme cuenta de otras realidades.

La candidatura realmente la disfruté. Éramos 15 candidatas que mantuvimos una excelente relación. Aprendimos a desfilar, a hablar en público… y llegó la noche de la elección, organizada por el Municipio y Telecentro… la viví intensamente. Cuando mencionaron mi nombre como Reina, empecé a vivir la experiencia más enriquecedora, educativa, gratificante y desafiante de mi vida.

Participé activamente en las Fiestas de Quito: El pregón, las corridas de toros, el cuarenta, los coches de madera, la Minga de la Quiteñidad, el Desfile de la Confraternidad, Siempre en Domingo en el Estadio Olímpico Atahualpa, la Serenata Quiteña, la Sesión Solemne … en fin innumerables festejos en los que sentí el gran cariño de los quiteños; además que ratifiqué lo querida que es la Reina de Quito a todo nivel, el respeto que la dignidad inspira y que es un reinado diferente.

Cabe mencionar que uno de los premios que recibí fue un automóvil San Remo y pasé de ser ciudadana de bus a ciudadana de auto. Quito era una ciudad tranquila lo cual rememoro con nostalgia. La gente era amable, más cordial, respetuosa. Había más caballeros, nadie te gritaba ni te pitaba; no había tanto tráfico. Caminábamos tranquilamente sin robos ni asaltos. No vivíamos encerrados como ahora, éramos más libres y no se hablaba de estrés ni de violencia. Eran los tiempos de la franciscana ciudad de Quito. Me tocó vivir los conflictos entre la Alcaldía y los vendedores minoristas de la calle Ipiales, que se negaban a ser reubicados e invadieron el centro histórico. También viví el Gobierno del Presidente Febres Cordero y un nuevo estilo de administración, varios ministros venían de Guayaquil. Recuerdo el gran acontecimiento de la visita del Papa Juan Pablo II en Enero de 1985 a Quito y su mensaje a la juventud en el Estadio Olímpico Atahualpa.

Una vez terminadas las fiestas, me entregaron una carpeta llena de cartas con pedidos de todos los barrios solicitando caramelos y juguetes para Navidad … me sentí realmente abrumada sin saber de dónde iba a sacar recursos para poder atender a todos. Ahí pasé del gusto de haber vivido las Fiestas de Quito al susto de la gran responsabilidad que a mi  edad (19 años) había asumido.  Tuve la suerte de contar con donaciones de La Universal, como del Deportivo Quito y de los empleados del Ministerio de Finanzas para los agasajos navideños. Una de las cosas que más me impresionó fue cuando asistí al Penal García Moreno a un agasajo organizado por la Confraternidad Carcelaria. Conocer cómo vivían los presos y como eran tratados, hizo que mis Navidades sean totalmente diferentes, me deprimí, pero también me di cuenta que siendo Reina podía trabajar para cambiar algo de estas duras realidades.

Desde el Municipio no tuve mucho apoyo. Incluso cuando fui a una oficina que me habían asignado junto a la del Alcalde, me indicaron que estaba destinada para un concejal. Fue el entonces Director del Patronato San José, Dr. Fabián León, quien me adecuó una oficina y me consiguió una secretaria. Todo el año atendí desde mi oficina en el Patronato Sur, me fascinaba trabajar ahí, estar en contacto con las madres y los recién nacidos, todo el personal del Patronato me cuidaba y me mimaba.

Es así como en Enero, luego de haber sobrevivido de los agasajos navideños, al no contar con el apoyo municipal y estar instalada en mi oficina en el Patronato, empecé a pensar en la manera de salir adelante con las responsabilidades que había adquirido con el reinado. Mi antecesora, Maritza Granja, me contactó, y me planteó sacar adelante la Fundación Reina de Quito que ella y su familia habían creado. La Fundación había adquirido vida jurídica el día anterior de mi elección y tenía como objetivo el trabajar con las madres solteras en una casa donada al Patronato Municipal, donde me indicaron que de ninguna manera se iba a cambiar el destino de dicha casa. Con este gran impedimento, empecé a revisar los estatutos de la Fundación Reina  de Quito y veía que no se podía enfocar el trabajo de la Reina de Quito a una sola gestión que además tenía el inconveniente de no estar iniciada, consideraba que la Fundación Reina de Quito debía primero estar integrada por las ex Reinas de Quito que podían a través de su experiencia asesorar a la Reina en su gestión social durante su año de reinado, y por otro lado, tener un campo de acción amplio ya que el trabajo de la Reina está inmerso en diferentes áreas, como también que la gente demandaba un trabajo social de la Reina por una tradición de muchos años. Me di cuenta que era importante cambiar totalmente el enfoque de la institución. Así que conversé con Maritza, su familia y miembros de la Fundación y les planteé reformar sus estatutos con la propuesta de que sea una institución que reúna a las ex Reinas como sus miembros y que su labor sea apoyar la obra social de la Reina, y dar continuidad y permanencia a sus obras. Enseguida vino a mi cabeza el nombre de Rocío Avilés quien nos había acompañado en la preparación de candidatas y como ex Reina me podía guiar en la tarea. Así también, Tito Ramia, Fabián Mantilla y Mariana Velasco, a quienes había conocido durante la Elección, me brindaron sus consejos y apoyaron la idea de reunir a las ex Reinas. Tito me facilitó el sitio para la reunión, Fabián me apoyó con la convocatoria a través de El Comercio y Mariana me dio una lista de ex Reinas para iniciar los contactos.

Así que en Abril de 1985, reuní a 10 ex Reinas que pude localizar en un histórico té en el Hotel Colón: Anita Villaquirán, Angela María Restrepo, Susana Castro, Silvia Guarderas, Pepita Sánchez, Cecilia Pérez, María Soledad León, Rocío Jarrín, Nathalie Proaño y Maritza Granja, y ahí les propuse impulsar la Fundación Reina de Quito bajo la propuesta planteada. Nunca olvidaré las palabras de Anita Villaquirán: “Nuestro reinado no concluyó el momento en que entregamos la corona a la nueva sucesora. Es nuestra obligación seguir trabajando por la ciudad”. Ahí quedó sellado un compromiso y el firme propósito de continuar trabajando por Quito y quienes más lo necesitan impulsando la Fundación Reina de Quito. Con este compromiso y con la aceptación de Maritza, hicimos la reforma de estatutos gracias al apoyo del Dr. Hernán León.

Bueno mi año de reinado fue espectacular. Fue un año en el que viví experiencias inolvidables para una chica de 19 años, que maduré increíblemente ya que me demostré que con planificación, objetivos claros y arduo trabajo uno puede conseguir sus sueños. Para mi fue la mejor universidad del mundo. Además que conocí Quito y aprendí a amar a esta ciudad. Una vez reunidas las ex Reinas y realizada la reforma de estatutos, inicié el trabajo de la Fundación con varios proyectos a lo largo de mi reinado. El primero que organicé fue por el Día del Niño, durante el mes de Junio, las Jornadas Deportivas y Recreacionales Una Sonrisa… El Sol beneficiando a 1.500 niños de escasos recursos y con discapacidad. El siguiente fue la recolección de tres mil libras de ropa con La Química en la Semana de la Solidaridad, que se entregaban en el Hogar del Niño San Vicente de Paúl, el Penal García Moreno, la Sociedad de Ciegos Luis Braille, varios albergues y algunos barrios marginales. También organicé junto a PROPUEM Profesionales Por Un Ecuador Mejor por primera vez la Feria-exposición Un Ecuador para Todos, evento que me relacionó desde entonces con el sector de la discapacidad donde he trabajado activamente durante estos 27 años, ya que soy la Coordinadora de la Feria que ha tenido doce ediciones. Y finalmente inauguré la primera Galería de Reinas en la entrada a la sala de espera de la Alcaldía con las fotos que Luminofoto Silva me amplió en blanco y negro de las 25 Reinas que Quito había tenido hasta entonces. En todos estos proyectos y durante mi año de reinado, a más de la Fundación Reina de Quito, siempre conté con el gran apoyo de mis padres que fueron mi gran soporte y consejeros, de mis hermanos que siempre estuvieron junto a mí, y de mis amigos que me acolitaron en todas las actividades.

La Fundación empezó a demostrar su gran fortaleza que es que a través de la experiencia de las ex Reinas, se potencia el trabajo social de la reina actuante. Este hecho fue tan importante que cuando terminó mi reinado, pese a la tristeza que supone entregar a mi sucesora la banda, lo que ha mantenido a la Fundación hasta el presente es la acogida dada por mis sucesoras, y la identificación y compromiso que tenemos hacia la Institución. Durante mi reinado, ya diez ex reinas estábamos participando activamente en ella. Con mi sucesora, Carmen Elena Huras, empezamos a dar continuidad y permanencia a los proyectos ya que ella continuó tanto con la recolección de ropa como con la Feria Un Ecuador Para Todos, e iniciamos un nuevo proyecto que fue el de Niños Durmiendo Alrededor del Mundo.

Como anécdota de mi reinado recuerdo que fui la candidata número 13, me hicieron la pregunta No. 13 en la Elección y Fabián Peñaherrera me brindó el toro que tenía también el número 13. En una de las corridas, un toro saltó el burladero justo enfrente mío, y por el susto, de un solo brinco estaba yo en la tercera fila del palco municipal.

La entrega de la corona fue más hermosa que la elección. Un amigo me llevó en un auto clásico al Teatro Bolívar. Él iba pitando y la gente me saludaba. Me dejó como a cuadra y media del Teatro y entonces mi padre me acompañó, fuimos caminando y la gente hizo una calle de honor. Sabían mi nombre, me felicitaban, me abrazaban. Pero lo más hermoso fue cuando ya sentada en la primera fila, estaba junto con todas la ex Reinas, quienes me dieron como regalo becas de estudio para niños. Subí al escenario y leí mi discurso de despedida. Me ceñí a lo que había escrito, pero quise agradecer este regalo, y me salí del discurso, y fue tal la emoción que lógicamente empecé a llorar y todo el teatro se paró y me aplaudió. Debo decir que cuando vi a las ex reinas paradas aplaudiendo, sentí que eran el verdadero soporte de la Fundación, que entonces jamás habría imaginado que iría a llegar tan lejos. Pero también que cada Reina de Quito ya nunca se sentiría sola sino apoyada. ¡Labor cumplida!, me dije.

Al finalizar el reinado, retomé mis estudios de Administración de Empresas. Trabajé conduciendo el programa Nuestra América para Niños, y en diversas empresas privadas en el campo del mercadeo, ventas y relaciones públicas.

En 1990, me casé con Fabián Miño y tengo 3 hijos, Juan Martín, Alejandro y Agustín, quienes siempre me han apoyado en mi gestión de la Fundación y han compartido este espíritu solidario. Con Fabián, trabajamos juntos en tres empresas propias de mantenimiento, servicios generales y limpieza profesional, lo cual me permite disponer del tiempo necesario para estar siempre pendiente de las actividades de mis hijos, y seguir aportando en la Fundación. Así mismo me permitió presidir la FENODIS Federación Nacional de ONG´s para la Discapacidad. Incursioné en la política siendo candidata a Concejal y a Viceprefecta.

Jamás me he desprendido en estos 27 años de la Fundación. Debo mencionar que todo ha sido una gran lección de madurez y generosidad ya que ser miembro de la Fundación significa compartir todo: experiencias, contactos, ideas, trabajo, gestión, alegrías y tristezas… y siempre en un segundo plano ya que la que debe sobresalir en todo es la Reina de Quito actuante. Pero hay algo mágico, muy dentro de nosotras que nos motiva y nos mueve… es un gran compromiso y un gran amor por Quito y su gente. Me alegra el que las nuevas Reinas se hayan ido acoplando a la Fundación, y me entristece que no todas las ex Reinas puedan, por circunstancias de la vida, participar de la misma. Además que el pertenecer a la Fundación es una experiencia única y muy especial, somos personas de todas las edades, de diferentes caracteres, líderes, de diferente manera de pensar y de ser, y a pesar de todas estas diferencias nos sentimos totalmente identificadas.

Creo que el ser Reina de Quito y el pertenecer a la Fundación me hizo ver las cosas de otro punto de vista, mucho más profundo, ya que conocí realidades duras, tristes, frustrantes, como también una ciudad que ha crecido y se ha desarrollado, y también ha dejado de ser franciscana para ser metropolitana con todo lo bueno y malo que conlleva. Me hizo ser más solidaria, más sensible, más responsable, más luchadora. Es definitivamente una escuela de vida, en la cual siempre seguiremos aprendiendo ya que siempre hay nuevos retos. Adoro la Fundación y a cada una de las ex Reinas… cada una es especial y compartimos una amistad que nos ha convertido en una gran familia.