María Verónica Arias 1986 – 1987

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“¿Cuál es el rol de la mujer en la democracia?” Fue la pregunta del millón…no recuerdo con exactitud la contestación que di en la Elección de Reina de Quito de hace veinticinco años, pero mi respuesta convenció al jurado y gané.

Cuando tomé la decisión de participar como candidata para el reinado de Quito, lo asumí muy en serio. Había sido Reina de Deportes del colegio, de Deportes de Pichincha, y de la Pontificia Universidad Católica durante mi primer año en la Facultad de Derecho. Durante ese año fue cuando un gran amigo mío desde la niñez, Diego Cornejo, me inquietó para que participe en el Reinado de Quito. Desde pequeña había visto en la televisión las elecciones de Reina de Quito, me venía a la mente la música del grupo Tradición de España de la década de los setentas que cantaban a Quito y a sus mujeres. Recordaba algunas de las elecciones, en especial no sé porque, la de Rocío Jarrín y de Lucía Burneo.

Me auspició el Centro Comercial El Bosque. Recuerdo a Marcelo Donoso apoyándome y contactándome con algunos almacenes de vestidos y peluquería como Famori y Víctor Hugo que luego me acompañaron durante todo el año de reinado. Comenzaba la preparación como candidata, varias citas de peluquería, maquillaje, modelaje y sobre todo conocer más a fondo a la ciudad que me vio nacer y crecer, aquella ciudad de historias y leyendas que me habían contado mis padres y abuelita. Llegó entonces el día de la elección, y mis padres que siempre me apoyaron en mis decisiones me inspiraban confianza: “Tú has hecho tu mejor esfuerzo, anda con toda la confianza, desenvuélvete como tú eres, se auténtica y contesta lo que tengas que contestar”.

Aún recuerdo los gritos y barras de apoyo de todos mis compañeros de la Facultad que habían comprado las entradas y asistieron esa noche; mi enamorado Gonzalo, que hoy es mi esposo; y mi mejor amigo Diego que se lastimó la oreja de los nervios que tenía. Y es así como el 27 de noviembre de 1986 en el Teatro Bolívar que lucía radiante, fui anunciada como la nueva Reina de Quito.

De un día a otro mi vida dio un giro total. El primer impacto fue cuando vi mi foto en primera plana en los periódicos de la ciudad y a acto seguido me llamaron a una rueda de prensa a las 8 de la mañana y frente a muchas cámaras y micrófonos me preguntaban cuales serían mis planes de trabajo para el año de reinado. Después vino lo más difícil. De lunes a viernes empecé a conocer una ciudad y una realidad muy dura, una ciudad con muchos contrastes y necesidades, pero su gente infinitamente amable y cariñosa pese a los dolores que podría estar pasando. Definitivamente, una experiencia que me cambiaría la vida y mi forma de verla. Tuve la oportunidad de a mis 20 años mantener reuniones y hablar con altas personalidades como con el entonces Presidente de la República, León Febres Cordero, el Alcalde de Quito, Gustavo Herdoíza León a quienes les conversé de mis programas y solicité su apoyo. Pero por otro lado también tuve la oportunidad de hablar muchas veces con gente necesitada económica y emocionalmente. Recuerdo con gran tristeza a aquellos niños huérfanos del Hogar San Vicente de Paúl que llorando abrazados de mi pierna me pedían que les lleve a casa.

Durante mi reinado me apoyó mucho el Alcalde de ese entonces, Gustavo Herdoíza y su esposa Olga Leiva de Herdoíza, con quienes tuve una excelente relación. Como no acordarme de Fernando Nolivos quien fue productor de la elección y me asesoró durante todo el reinado; Amparito, periodista del Municipio de Quito, quien me acompañó a todos mis eventos por lo que fui una de las reinas con mayor cobertura mediática. Recuerdo también haber comenzado con buenos augurios porque Andrés Vallejo Arcos, en ese entonces, Presidente de la Junta Monetaria, me donó un millón de sucres que para esa época era un montón de plata, lo cual me permitió comprar caramelos, chocolates, muñecas y carros, como regalos de Navidad para repartir a 10,000 niños en barrios pobres de la ciudad y que me duraron hasta el Día del Niño en junio. Durante seis meses pude ir repartiendo estos regalos a cada lado que iba.

Increíble como es la vida. Mi primer plan, al día siguiente de la elección fue el de reforestar la ciudad y de plantar árboles, que se complementó con el trabajo social en los sectores más marginales de la ciudad. Debido a la gran cantidad de migración rural a la ciudad se iban formando barrios ilegales en donde se talaban árboles y se construían de manera improvisada casas que no contaban con agua ni alcantarillado, peor aún áreas verdes o parques donde los niños puedan jugar. Se podía ver niños pequeñitos jugando en quebradas, con lodo o con polvo, y en constante peligro. “Algo hay que hacer”, me dije.

Entonces recurrí al Ministro de Educación Iván Gallegos y a Julio Ponce, Director de la Dirección Nacional de Construcciones Escolares (DINACE) para pedirles su apoyo con la dotación de parques infantiles y árboles del vivero municipal. Logré dotar a veinticinco barrios en el norte, centro y sur de la ciudad a fin de que los niños pudieran dejar de jugar en la tierra y divertirse con columpios, sube y bajas y escaleras chinas.

También me apoyaron para construir dos centros de capacitación para madres solteras: el del centro de Quito, ubicado en San Roque y que lleva mi nombre; y, el otro como apoyo al Hogar de mi Hermana al norte de Quito, donde aprendían a coser a máquina y otros quehaceres para que puedan salir a buscar un empleo.

Otra experiencia maravillosa, donde pude comenzar a compartir y conocer a algunas ex Reinas de Quito, fue el segundo reparto de Niños Durmiendo Alrededor del Mundo. Para aquella época, la Fundación tenía apenas dos años de estar funcionando como tal. Fue un programa hermoso. Mil kits se entregaron, es decir, equipamiento para niños que duermen en las calles. Ese programa sin duda nos involucró y unió a todas las ex Reinas, y no solo a nosotras sino a toda la familia, maridos, hijos, enamorados y amigos.

También realicé una donación de equipos para la implementación de la sala de cirugía del Hospital de Niños Baca Ortiz y la Telemaratón para recaudar enseres destinados a los damnificados del terremoto de marzo de 1987. Recuerdo que fui personalmente a repartir estos enseres a comunidades de Cayambe en Pichincha e Imbabura que habían sufrido directamente este desastre natural, acompañada de mi familia, amigos y de la ex Reina, María Teresa Donoso.

La Fundación Reina de Quito fue formándose y delineándose a través de todos estos años, apoyando a los proyectos que cada reina tenía durante el año de su reinado, y forjando sus propios proyectos de manera permanente con el fin de dar continuidad y sostenibilidad a los mismos. Lo enriquecedor y el éxito de la Fundación es su flexibilidad y capacidad para absorber las inquietudes de todas las reinas que han pasado desde hace veintisiete años.

Uno de los más bellos recuerdos del reinado fue cuando entregué la corona y todo el Teatro Bolívar se levantó y entre aplausos gritaban: “¡Reelección, reelección, reelección!”. Entonces supe que lo había hecho bien, y que todo el esfuerzo y devoción, a veces demasiado para una chica de apenas 20 años, había valido la pena y ¡ahora estaba en el corazón de mis quiteños! Además, había continuado la tradición de mantener en alto la corona de mis predecesoras.

Creo que parte de mi vocación social y ambiental se forjó durante el reinado. Luego de entregar la corona retomé mis estudios de Derecho y en 1988 el recién elegido Alcalde, Rodrigo Paz Delgado, me pidió colaborar con su administración en el Municipio de Quito. Me preguntó en qué área quisiera colaborar. Opté por trabajar vinculada a temas sociales y de desarrollo comunitario pese a que estaba estudiando derecho. Lo que aprendí de la realidad de Quito mientras fui reina, lo puse en práctica trabajando durante cuatro años, día tras día, e inclusive los fines de semana apoyando principalmente a barrios urbano marginales.

Gracias a esa experiencia, conocí la ciudad “de pe a pa” . Tengo el honor de haber sido condecorada por Rodrigo Paz en reconocimiento a mi compromiso y trabajo con la comunidad durante su administración. Siempre me ponía como ejemplo de una chica trabajadora incansable por los que más necesitaban. Siempre decía en su visita y recorrido de obras a estos barrios “esta chica…en vez de estar una discoteca o haciendo cosas de su edad, está trabajando con ustedes hombro a hombro en las mingas de fines de semana”.

Para entonces Quito ya tenía problemas de deforestación, planificación, saneamiento. Concluí con mi Doctorado en Derecho y decidí sacar una maestría en Derecho Internacional Ambiental. Cuando Jamil Mahuad llegó a la Alcaldía me apoyó para conseguir una beca de la OEA con la que pude realizar mi maestría en Washington DC y luego retornar a mi país para poner en práctica mis conocimientos.

Regresé al Ecuador y fundé junto a otros abogados ambientales el primer Centro Ecuatoriano de Derecho Ambiental, cuya trayectoria tiene ya quince años generando las bases y leyes de lo que el país cuenta en materia ambiental. He sido Representante para Ecuador de una de las organizaciones internacionales sin fines de lucro más grande y prestigiosa en el tema de la conservación y ambiente. Soy miembro de la Asociación de Protección de Animales; miembro de la red de padres que queremos mejorar el entorno más allá del colegio en que se desarrollan nuestros hijos. También soy miembro de algunas organizaciones donde desarrollamos políticas y liderazgo en diferentes aspectos: discapacidades, ambiente, grupos de pensamiento para trabajar en cómo quisiéramos ver al Ecuador. Todo esto demanda tiempo, pero son temas de gran satisfacción para mí, es parte de mi vida. La política también tocó a mis puertas. Fui candidata a concejal del Municipio de Quito en 2006, y diputada alterna de Lucía Burneo en el Congreso Nacional en el 2009.

Muchos años después me casé con Gonzalo Valarezo Férnandez de Córdoba, mi novio desde el reinado y quien ha sido mi apoyo desde siempre en todas mis causas. Mi cuñada fue Reina de Quito años más tarde, Macarena Valarezo y ahora, concejal de Quito. Tenemos dos hijas maravillosas Isabella y Martina, creo que formamos un lindo equipo y a ellas tratamos siempre de inculcarles el espíritu de solidaridad, amor y respeto hacia el prójimo.