Silvia Guarderas 1972 – 1973 – Fundación Reina de Quito

Silvia Guarderas 1972 – 1973

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Aún recuerdo con nostalgia y mucho amor aquel día de Octubre cuando llegando del Colegio (pues cursaba el último año de grado en el Colegio Español Nuestra Madre de la Merced), mi madre me llamó a la sala, se encontraba allí la esposa del Alcalde de Quito, Finita de Durán Ballén. Yo la saludé cortésmente, creí que era una visita a mi madre, pero mi sorpresa fue grande cuando ella empezó a hablar, quería que yo participara en la elección de Reina de Quito que se iba a llevar a cabo el mes siguiente en el Teatro Bolívar. Sentí al principio una sensación de temor y luego pensé que vivir una experiencia de esa naturaleza debía ser algo muy especial y emocionante. ¡Acepté! Al día siguiente con mi madre fuimos al Colegio y le comunicamos a la Madre Rectora, que yo estaba de candidata a Reina de Quito. Menos mal, en esos días había salido del Rectorado Sor Mercedes, una madre española, que siempre se había opuesto a que las alumnas del Colegio participasen en eventos de belleza.

Inmediatamente empezaron las reuniones, los repasos, las visitas a los medios, a los auspiciantes, mi vida dio un vuelco de 180 grados. Pasaron los días hasta que llegó la noche de la elección, 28 de Noviembre de 1972. Era la más joven de todas las candidatas, por eso pensé que no tenía muchas probabilidades de ganar. Sin embargo, esa noche de la elección, que la recuerdo como si fuera hoy, me sentí totalmente segura de mí misma, miraba a toda mi familia apoyándome, y a las barras inmensas de mis amigos y compañeras de Colegio que fueron a darme su aliento, con todas las tapas de las ollas que se habían sacado de la cocina para hacer bulla. El momento llegó y cuando anunciaron a la nueva Reina de Quito, yo no escuché mi nombre, esperé a que pase otra candidata, la chica que estaba a mi lado me pegó un codazo y me dijo: “Silvia es a tí a la que están nombrando, tú eres la Reina de Quito”. En ese momento di un paso adelante y de repente todo me empezó a parecer un sueño, pues unos momentos antes me habían nombrado mis compañeras Señorita Amistad, y los medios Señorita Simpatía, pensaba que Reina de Quito la iban a nombrar a otra candidata. Fue la única elección en la que nombraron a las candidatas como Señoritas Patronato de cada mes, para que cada una trabajara con la Reina. La verdad es que esto nunca funcionó.

El apoyo que recibí de mis queridas Madres Mercedarias y profesores no lo olvidaré jamás. Siendo año de grado, me resultó sumamente difícil, estudiar y cumplir con las obligaciones del reinado. Todos me ayudaban con trabajos extras para que pudiera completar los puntos, incluso mi enamorado de ese entonces y hoy esposo, me hacía los trabajos para que presente al día siguiente. Salía para los toros y a los festejos de las Fiestas de Quito llevando todo en una maleta. Me cambiaba en el colegio, y afuera ya me esperaba el carro de la Alcaldía para llevarme a los eventos. Prácticamente casi todos los compromisos de la Reina, eran con el Alcalde y su esposa, a tal punto que llegamos a tener una relación increíble como padres e hija. Pienso que tanto Sixto Durán Ballén, un caballero en toda la extensión de la palabra, y su esposa Finita, una dama maravillosa, hicieron que el recuerdo de mi reinado y la experiencia vivida con ellos sea uno de los acontecimientos más plenos que guardo en mi mente y en mi corazón.

Al día siguiente de la elección, en la noche, era el Pregón que daba inicio a las fiestas. En la Plaza de San Francisco, el Alcalde se dirigió a toda la gente que se encontraba reunida allí y luego me pasó el micrófono, la verdad no sé qué tiempo hablé, pues cuando terminé, Sixto me quedó viendo admirado y me dijo: “Mija, después del reinado ya tienes un puesto en el Congreso”.

Pasada toda la emoción de las fiestas, como es tradición en el reinado de Quito, empecé a trabajar en el Patronato, en ayudas casi a diario a la comunidad; visitas al Hospicio San Lázaro, a la cárcel de varones donde un preso me regaló el Escudo de Quito hecho de arroces, una verdadera obra de arte; la cárcel de mujeres donde tuve vivencias y experiencias sumamente dolorosas. Ahí es cuando empecé a valorar todas las cosas que Dios me daba a diario y que muchísima gente con la cual tenía la oportunidad de estar, carecía. Inauguré la Sala Silvia I en la Maternidad Isidro Ayora, con el aporte del Cuerpo Diplomático, a la que implementamos totalmente con equipos modernos. Organicé una Telemaratón Nacional, para sacar fondos para la Cúpula de la Iglesia del Hospital San Juan de Dios que se vino abajo… fue todo un éxito.

Quito sufrió dos deslaves en ese año, el uno en la Colmena y el otro en La Gasca incluso con pérdidas de vidas humanas, fueron tan tristes esas experiencias que quedaron grabadas en mi interior, ver de cerca el dolor y la muerte.

Equipé a la Escuela de No Videntes de Pichincha con máquinas de coser, artefactos eléctricos. Todo esto pude llevar a cabo, gracias al apoyo incondicional de un ángel que Dios me puso en el camino, mi madre, pues desde que recuerdo ella y mis tías hacían labor social con el grupo de Damas de la Cofradía del Santísimo, que junto a los Padres Dominicos daban diariamente el desayuno a los niños de la Escuela 6 de Diciembre. Tenían que madrugar todos los días, pues hacían desde el pan y batían la leche en polvo que recibían de donaciones. Era maravilloso ver con la felicidad que trabajaban para que esos niños, que en su gran mayoría no tenían para nada, puedan llevarse un desayuno completo a su boca. Pienso que de esa experiencia cuando era todavía muy niña, nació en mí el amor a la obra social, y la vida me dio la oportunidad de servir aún más por medio del reinado de Quito.

En mi año, el Presidente de la República fue el General Guillermo Rodríguez Lara, la verdad es que la relación con la Reina de Quito y todas las autoridades era maravillosa. Recuerdo una invitación que me hizo el Presidente a una cena muy importante con el Cuerpo Diplomático, y en el brindis levantó la copa de vino tinto y dijo: “Brindo por el pelo pelirrojo de la Reina, el más hermoso que he visto”. Todas esas vivencias y recuerdos para una chiquilla de 17 años creo que difícilmente se pueden olvidar, pues quedaron grabados para siempre en mí.

Dos meses antes de terminar el reinado, una noche conversando con mi madre me dijo, que era una pena que tantos proyectos y obras que habíamos empezado se queden truncas porque se acercaba el día de entregar la corona, y me propuso el fundar un Comité que continúe con la obra después del Reinado. Fue entonces que empezamos a trabajar con un grupo de damas voluntarias, que me habían apoyado durante todo el año, muchas de ellas familiares, otras miembros del Club Antena. Con el tiempo en contra, fuimos al Ministerio de Bienestar Social a sacar el Acuerdo Ministerial, tuvimos reuniones con el Asesor Jurídico para hacer los estatutos del Comité, hasta que por fin teníamos conformado el Comité de Auxilio Social.

Entregado el reinado, a fines del mismo año, contraje matrimonio con César Naranjo Anda, piloto de la Fuerza Aérea, y actual Teniente General (R), mi compañero de vida y el apoyo más grande para llevar a cabo la obra de voluntariado. Tengo 2 hijas, Silvia y Diana, mis dos tesoros y quienes me han dado las más grandes satisfacciones. Silvia nos ha hecho abuelos de tres varones encantadores: Joaquín, Tomás y Felipe, otro de los regalos de Dios para nuestra familia.

Después de 39 años de fundado el Comité de Auxilio Social, continuamos haciendo obra social en todas las áreas de apoyo a la comunidad; somos parte de los donantes del programa del Muchacho Trabajador, una de las obras más importantes del País, que rescata a los niños de la calle de la droga, el alcohol, la prostitución infantil, haciéndoles personas útiles en la sociedad, dándoles formación estudiantil y profesional. Como Comité la obra es completa ya que damos ayuda a la gente necesitada para operaciones, medicamentos, terapias en fin todo lo que está involucrado con el servicio social a la clase más vulnerable de nuestra sociedad. Viajamos por todo el país en casos de desastres naturales, llevando vituallas, víveres, ropa y todo lo que sea un aporte para las personas más desprotegidas Todo este trabajo lo he realizado a la par, con la preciosa obra que desde hace 27 años lleva a cabo la Fundación Reina de Quito.

Aún recuerdo la tarde en que María Teresa Donoso, visitó mi casa para comunicarme, que estaba pensando agrupar a todas las ex Reinas de Quito e impulsar la Fundación Reina de Quito. Se había tomado el trabajo de conseguir teléfonos, direcciones de cada una para visitarnos. Pasadas las semanas, nos comunicó que íbamos a tener una reunión en el Hotel Colón para empezar las conversaciones para impulsar el funcionamiento de la Fundación, que al fin resultó ser todo un éxito. En 1985, 10 ex Reinas empezamos apoyar a María Teresa en su obra y al año siguiente, arrancó el Programa Niños Durmiendo Alrededor del Mundo, con canadienses que viajaban por los países más pobres del mundo haciendo una obra verdaderamente maravillosa.

Con el dinero que ellos nos daban, hacíamos los equipos para dormir que no sólo distribuímos en Pichincha sino en todo el país gracias a la ayuda de Fuerzas Armadas, inclusive cuando el desastre de la Josefina desoló Paute. Llegamos a los lugares más recónditos y necesitados de costa, sierra y oriente, a través de esta obra en la que trabajaban nuestros esposos, hijos, amigos y familiares.

Este programa se terminó ya que el Ecuador no calificaba como un país de una pobreza total. Fue muy triste para todas quienes vivimos esa época preciosa, ya no tener este programa de repartos. Luego de ésto, continuamos con la ayuda directa a la Reina de cada Año en sus obras y dimos impulso a la creación del Centro Infantil Aprendiendo a Vivir. Además, se trabaja en una serie de eventos a lo largo del año para recaudar fondos. Existe una camaradería y apoyo total de todas hacia la Reina y a Sofía Arteta, como Directora Ejecutiva de la Fundación, quien por muchos años ha tenido una brillante actuación.

Mientras Dios me de vida y salud, pienso seguir con esa misión de servir a mi ciudad por medio de la Fundación Reina de Quito, y continuar viviendo “la magia del reinado de Quito,” contribuyendo con un granito de arena, a hacer de nuestro hermoso Quito “La Carita de Dios”, un lugar más justo, donde las diferencias sociales y económicas se acorten. Pienso que es el mejor legado de entrega y amor a los demás que puedo dejar de ejemplo a mis hijas.