Tatiana Calderón 1971 – 1972

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San Francisco de Quito, ciudad de grandes contrastes, de templos maravillosos, de conventos llenos de historia, de arte quiteño.

El reino milenario de los Quitus, de la Real Audiencia indo-española, de las gestas de la Independencia, Capital del Ecuador, que se gloría por su Escuela Quiteña de Arte, que le dieron lustre Miguel de Santiago, Caspicara (Manuel Chilli), Menacho (artesano de los púlpitos de las tres iglesias franciscanas, donde Caspicara puso sus esculturas), Bernardo de Legarda, Javier de Goríbar, Bernardo Rodríguez, Manuel Samaniego; de mujeres ejemplares, como Santa Marianita del Niño Jesús y la sin par libertadora del Libertador, Manuelita Sáenz.

Ciudad de tradiciones y leyendas, la primera ciudad, junto con Cracovia, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, con lo cual se la reconoce como un ejemplo vivo del sincretismo cultural entre España y América Latina.

La tradicional elección Reina de Quito, acto conmemorativo por la Fundación de la ciudad, da la inmensa oportunidad para que una joven quiteña se adentre en la vida cotidiana de su gente, de sus necesidades, de sus aspiraciones y angustias, de su música, de su particular sentido del humor y de la solemnidad de sus actos oficiales.

El 26 de Noviembre del año 1971, tuve el altísimo honor de ser elegida representante de mi ciudad. Mi primera preocupación fue no desmerecer jamás el altísimo honor que se me confirió. Desde el primer momento consideré que ese honor me obligaba al servicio de todos los habitantes de mi ciudad, que mi vida tomaría un rumbo diferente y penetré en las necesidades de los más necesitados. Para brindarles mi modesto aporte escogí a los ancianos, a los niños, a las personas que sufren enajenación mental y a las madres embarazadas.

Fue de esta manera que con ayuda de mis padres, instituciones solidarias, gente de gran corazón y la ayuda incondicional de la prensa, pude recaudar fondos para el Asilo de Ancianos Corazón de María, el Hospicio San Lázaro, y la Maternidad del Patronato de Amparo Social San José.

Fue un crecimiento espiritual permanente el poder palpar directamente el sentir y pensar de la gente humilde. Al recorrer los barrios de Quito todas las semanas junto al Alcalde Sixto Durán Ballén y su comitiva, vislumbré una ciudad poco común, con falta de infraestructura y falta de servicios básicos. Me ayudó a mirar a la ciudad reconociendo a la mujer como protagonista de su historia.

En el año 1971, me sentí inmersa en la convulsionada situación política del último período del doctor José María Velasco Ibarra, derrocado por la Junta Militar liderada por el General Guillermo Rodríguez Lara. Los dos presidentes fueron muy deferentes conmigo, ya que consideraban que la Reina de Quito era una representante nata de la juventud ecuatoriana.

En el año de 1972 puede participar del brillo y esplendor de la conmemoración sesquicentenaria, Quito se llenó de ilustres visitantes para sus festejos, actos a los cuales tuve el honor de estar siempre presente y departir con personalidades de diferentes culturas. Quito era una ciudad tranquila, apacible donde las tradiciones se mantenían y formaban parte del diario vivir.

El Pregón de las Fiestas, las corridas de toros, las fiestas conmemorativas con su baile en las calles, los desfiles de la confraternidad, el abrazo de la gente, la confianza de sus habitantes, esa paz que irradiaba esta maravillosa ciudad le dieron un gran sentido a mi vida y guardé por siempre en mi corazón un inmenso cariño y el más grande reconocimiento por esta gratuita y generosa oportunidad al haberme elegido para representarla.

Hace 27 años fui convocada para formar la Fundación Reina de Quito, y continúo apoyando. Recibí con gran alegría este nuevo reto, especialmente me llenó el corazón poder participar en el Programa Niños Durmiendo Alrededor del Mundo.

La experiencia fue maravillosa, todas las ex Reinas de Quito trabajando por un mismo fin, codo a codo, todas iguales, todas necesarias mirando siempre al mismo objetivo: ¡Servir a los más necesitados!

La Fundación Reina de Quito es símbolo de la unidad y solidaridad, donde cada día, con ilusión y esmero, se lucha por apoyar a la Reina de Quito en su labor social y en sacar adelante los programas de la Fundación, en especial, para que los niños con Síndrome de Down tengan la oportunidad de atesorar un futuro con dignidad.