Consuelo Ordóñez

Reina de Quito

1967 -1968

Recuerdo que el Municipio de Quito había designado a la Reina de Quito desde finales de la década de los años cincuenta del siglo pasado, mediante decisión del Concejo y a petición del Alcalde. Con esa experiencia, a partir de 1966, el Municipio decidió elegir a la Reina mediante concurso, que se ha ido perfeccionando hasta la fecha.

 

La empresa auspiciante invitaba a una muchacha quiteña a que le represente en este acontecimiento anual. En ese año, bajo la tutela del Municipio, se organizó el Certamen Reina de Quito y la ceremonia de elección se llevó a cabo en el Coliseo Cerrado de Deportes, Julio César Hidalgo, en el sector de La Marín, que era el mejor sitio de espectáculos con que contaba la Capital tanto para deportes, especialmente básquet, como para espectáculos musicales.

 

Seguramente, por la relevancia e importancia que significaba este acontecimiento para la ciudad, el Municipio decidió llevar el concurso al tradicional Teatro Bolívar, y posteriormente al Teatro Nacional Sucre o al Teatro Nacional de la Casa de la Cultura.

 

En aquella época no era como hoy, que es más profesional. Orange Crush me buscó y me insistió para que participe.  Consulte a mi mamá y después, de mutuo consenso, analizamos pros y contras, y dimos el sí. Llegó el día esperado y al momento de conocer el fallo del jurado, tuve la dicha, la suerte y el honor de ser elegida como Reina de Quito para representar a mi ciudad querida y sentirme su hija predilecta de ese año maravilloso y soñado.

 

o había la Fundación Reina de Quito, eso vendría mucho después. Entonces mi campo de acción era el mismo Municipio, con la esposa del Alcalde y de los concejales que eran gente maravillosa que quería apoyarme en mis programas que los hacía con tanto ahínco.

 

La verdad, disfruté mucho. Viví una ilusión, un sueño, una fantasía, a lo largo de los días previos a la elección, en la elección y durante el reinado. Recuerdo con un poco de nostalgia la tranquilidad que había en Quito en aquella época y que ahora se ha perdido. Por ejemplo, el 5 de diciembre mi casa era casa abierta: la gente entraba y salía, bailábamos música nacional y la empresa Orange Crush, que fue mi auspiciante, ofrecía gratuitamente jabas y jabas de refresco para todos… todo en un ambiente sano, de cordialidad, de camaradería, de total consideración, de los chicos que venían a vesuspirar a nte su Reina, de los amigos de familia que venían a felicitarnos, de los quiteños que simplemente deseaban ver a su representante.

 

Hasta entonces mi vida había transcurrido como la de cualquier amiga o compañeramuchacha de mi edad. Me había graduado de bachiller y había viajado. Pero gracias a los programas y actividades que tenía que desarrollar dentro de mi reinado, tuve la oportunidad única de verme ante una realidad,d… la realidad que se vive en cada barrio de Quito con su pobreza, sus necesidades, sus demandas siempre insatisfechas; pero con el común denominador de personasuna gente maravillosas, sencillas, humildes ante Dios, amorosas con el prójimo, caritativas con sus semejantes, alegres en su vivir. Esas facetas las llevo siempre en mi corazón, porque me hicieron crecer, me hicieron ver un horizonte donde siempre habrá mucho que hacer en su recorrido.

 

Esa senda de servicio social es lo que había despertado en mí. Y hubo una historia que me marcó sobremanera:. Por invitación de unas monjas de la Orden de la Caridad, fui a un barrio del sur donde conocí a una mujer mayorcita, la señora Rosarito, que vivía trabajaba pasando unas piedras en un sitio donde la humedad ambiental y el polvo habían hecho mella en su salud, pues uno de sus ojos se había llenado de gusanos, que le habían degenerado en un cáncer.

 

Inmediatamente, me puse en pie, le di órdenes a mi mente y busqué una hoja de ruta que imponía mi accionar. Hablé muy seriamente con las monjitas y con misu madre viuda y mi a su hermano médico y mis otros dos hermanos aún muy pequeños, con mi familia, con amigos, para participarles de mi idea, que era la de buscar una casa de salud para ancianos desprotegidos. Así, con el auspicio y esfuerzo mancomunado de gente llena de amor y solidaridad, nació la Casa de Salud “La Dolorosa”.

 

Fue un camino en el que el “Buen Pastor” me enseñó el maravilloso apostolado de ayudar a los demás, a ser inmensamente solidaria de alma y corazón, a buscar la riqueza espiritual, que este increíble reinado de Quito me proporcionaba a manos llenas.

 

Ese año no fue solo el de mi reinado, sino de grata comunión con mi familia, porque si yo viajaba o tenía que ir a algún lado, mi mamá y mi hermano se quedaban a cargo de la casa de salud, visitando sistemáticamente todos los días a los viejecitos y llevándoles la comida y la medicina, la misma que era conseguida por mi de comer. Mi hermano  Carlosles conseguía medicinas y un sacerdote amigo les atendía espiritualmente.

 

El albergue funcionaba en una casa alquilada y con la campaña de El Sucre de la Bondad, en la que participóaron la esposa del Alcalde Jaime del Castillo, Amina, que era la Presidenta del Patronato Municipal San José y las esposas de los concejales, fue posible cubrir el alquiler, contratar auxiliares de enfermería y solventar tantos y tantos gastos que suponía su administración, su manutención alimenticia, su mantención, la logística diaria. Aunque a veces ya no había para nada, pero siempre lográbamos salir adelante.

 

Mi paso por el reinado dio un giro total a mi vida, sobretodo en la parte espiritual, en la manera de ver la humildad y la pobreza, en saber agradecer a Dios cuando hay un poco más, en ser fuerte en los momentos difíciles de la vida, en sentir que la alegría llega en la mañana de cada día, como recompensa del trabajo de la jornada anterior.

 

Viajé a Barranquilla para participar en el Concurso Miss Latinoamérica, en el que quedé en tercer lugar. Y algo anecdótico: Me dieron un premio por haber triunfado en el “baile del garabato”. Ya no podría hacerlo ahora, digamos, cuando soy un garabato con más décadas. ¡Broma!

 

El certamen de Reina de Quito es lleno de respeto, pundonor, recato y pudor, enmarcado dentro de cánones de servicio a la ciudad. Antes que un desfile de la banalidad, se busca en las chicas sus dones espirituales y su afán de servicio a los demás. No se puede comparar con un concurso de belleza, pasarelas, modelaje, viajes y grandes promociones. En el reinado de Quito no hay agenda para eso.

 

Luego de mi reinado me casé con Jalil del Castillo, hijo del Alcalde de ese entonces y enviudé tras 39 años de matrimonio. Todo tiene su etapa en la vida. Y ahora soy una abuela absolutamente feliz y mi mundo gira alrededor de mis tres chiquitos.

 

Desde el inicio de la Fundación Reina de Quito me vinculé a ella lo cual me ha permitido retomar la ruta del trabajo social y reencontrar a otras ex reinas que, acaso por esa condición común, ponen el mismo empeño en las tareas y proyectos que toman a su cargo.  Colaboro activamente en El Ropero. Se trata de que las iniciativas no duren sólo el año de reinado, sino que tengan continuidad en el tiempo.

Iñaquito N37-265 y Villalengua, Quito - Ecuador

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