Ana Carolina Vela

Reina de Quito

2010 -2011

Convertirme en Reina de mi ciudad es una realización personal. Es más que poseer un título académico,  es poseer el título más especial conferido por  la ciudad más bella del mundo: Quito, Patrimonio de la Humanidad, Luz Libertaria de América, centro de cultura y religiosidad, tesoro del encanto de la Colonia, Capital Americana de la Cultura. Todo eso y mucho más es Quito, por lo que ser su Reina representa un altísimo honor.

Cuando me inscribí en el concurso, lo hice  sin el consentimiento de mis padres, ya que ellos tenían el criterio, muy lógico por cierto, de que me podría apartar de mis planes profesionales. Ya me había graduado de Mercadeo y Negocios en la Universidad de Webster en Estados Unidos y me encontraba trabajando en una empresa de seguros.

Seguí mi inclinación de servicio a mis semejantes, heredada de mi  abuelo y decidí dejar todo por servir a mi ciudad. Lo primero que se me vino a la mente cuando me coronaron, fue la pena de que mi abuelo no haya estado en ese momento conmigo; siempre fui muy pegada a él, y fue él  quien me inculcó la vocación de servicio. Mi abuelo fue presidente de la Fundación “Amigos del Mundo Frente al Cáncer” FUDIS que asiste a pacientes que no tienen donde quedarse mientras reciben atención médica; es más que un albergue, es un hogar. Allí se sensibilizó mi abuelo, que terminó siendo víctima de cáncer, y a pesar de las molestias que padecía, dedicó mucho tiempo a apoyar a personas que tenían la misma enfermedad.

De mi abuela también heredé la vocación de servicio. Recuerdo que desde pequeña nos llevaba todos los martes a mi mamá y a mí,  a las afueras de la Iglesia de San Francisco, con el fin de proporcionar raciones de alimento a la gente más desprotegida del sector.

Cuando fui candidata me preguntaban por qué quería ser Reina de Quito. Y es que al ser Reina de Quito, las puertas se abren con más facilidad, y cuentas con las mejores herramientas para poder trabajar para los demás.  No me equivoqué, ya que durante el Reinado pude  generar proyectos y ayudar a los más necesitados de mi lindo Quito.

La corona de Reina para mí es solo un símbolo, ya que la verdadera corona  la gané al final de mi  reinado cuando sentí esa “misión cumplida” de los proyectos que me propuse realizar. La distinción que llevé significó un compromiso muy grande con la ciudad y con los niños del Centro Infantil Aprendiendo a Vivir,  donde me llenaban las sonrisas que día a día me brindaron sus caritas, como uno de los motores que me impulsaron a cumplir mis ideales propuestos.

Durante mi reinado, me planteé proyectos de corto plazo, que los pudiera cumplir durante el año y que sean alcanzables, como también continuar con los eventos que la Fundación Reina de Quito lleva adelante para financiar sus obras como son el Centro Infantil Aprendiendo a Vivir y el Programa de Ayudas Puntuales en Salud.  Por lo que realizamos por segundo año consecutivo la Cena de la Rosa con los mejores 14 restaurantes de Quito; la quinceava edición del desfile de modas “Contrastes”; la sexta edición de la Guagua Linda en la Cruz del Papa y la décimo segunda edición de la Feria Un Ecuador Para Todos en el Centro de Exposiciones Quito.  Así también realizamos el Té Juego junto con las Voluntarias del Centro con la finalidad de recaudar fondos para las operaciones de corazón de  los niños con síndrome de Down.

Inauguré el edificio de las nuevas oficinas de la Fundación gracias al aporte económico del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito y a la valiosa ayuda de la empresa Semaica que nos apoyaron para alcanzar este sueño.  

Dada la temática de la elección Reina de Quito de mi año, se desarrolló por primera vez la Feria 60 y Piquito, una feria  destinada para el adulto mayor, proyectándolo como el ciudadano que en realidad es: recursivo y activo. Asistieron más de 10,000 personas al Centro de Exposicionse Quito. También, tuve el honor de agasajar a más de 500 adultos mayores  del Patronato Municipal San José. Compartimos una hermosa serenata y les preparé un salón de belleza para abuelitas y abuelitos.

Por primera vez organicé las “Brigadas de Amor” en barrios populares de Quito. Con este programa logré agasajar a más de 600 niños brindándoles diversión y recreación en sus barrios ya que no tienen los recursos para salir de la ciudad  en época de vacaciones. Creo firmemente que no es necesario esperar a que sea navidad para compartir con los más necesitados.

Impulsé una campaña de fidelización con los padrinos actuales y potenciales del Centro Infantil Aprendiendo a Vivir, con el propósito de que nuestros padrinos aprecien no solo que su aporte es sumamente importante, sino también que tengan la ocasión de compartir con sus ahijados, para desarrollar una relación más personalizada.

Inicié un proyecto de reciclaje en conjunto con Punto Verde (Gestor Ambiental), que consiste en recolectar y procesar todo tipo de material reciclable de empresas públicas  y privadas. Gracias a esta campaña, el Centro Infantil Aprendiendo a Vivir cuenta con un nuevo ingreso económico permanente a partir de mi reinado.

Fue un orgullo para mí ayudar a Keyth Pozo, una de nuestras beneficiarias quien asiste al Centro. Ella tiene asma y  vivía en un pequeño cuarto de ladrillos con su familia. Construirle una casa adecuada y poder ofrecerle un hogar digno, ha sido uno de los proyectos que más me ha llenado.

He aprendido a ser una mujer más humilde y valoro varias cosas que antes las tomaba por dadas.  Al compartir día a día con los niños del Centro y los más necesitados de la ciudad, sentía que un motor dentro de mí se encendía y me impulsaba a trabajar por ellos.  Si bien hay momentos en que me llenaba de tristeza, sin embargo, la misma se disipaba al saber que puedo aportar con una pequeña ayuda y mejorar sus vidas.

He conocido a un grupo de hermosas mujeres quienes comparten los mismos ideales, la misma pasión y voluntad por ayudar a los más necesitados; estas mujeres son las ex Reinas, llenas de increíble actitud positiva de servicio y alegría de trabajo. Ellas me  orientaron, me estimularon y me ayudaron a cumplir mis proyectos. En ellas he encontrado amigas en quienes puedo confiar plenamente. 

Es un honor que durante mi año de reinado, Quito haya sido nombrada como Capital Americana de la Cultura y haber presenciado la firma del Pacto Climático por parte de los diferentes Alcaldes de Latinoamérica.

Ser  Reina de Quito implica muchas cosas. Implica ser una mujer con tenacidad, carisma, simpatía; saber ser líder, pero sobre todo implica ser una mujer humilde y generosa. La humildad es un valor que me inculcó mi abuelo desde pequeña, a ser generosa con el resto y compartir lo que Dios te ha dado en abundancia  con los que no tienen. Sabía y sentía que para asumir el reto de ser Reina de Quito, no puedes olvidar los valores aprendidos en casa y a las personas que te quieren de verdad.

El ir día a día a la Fundación me llenó de energía para trabajar, como también  el ver el progreso de nuestros niños y poder compartir con los chicos que un día fueron los bebés de la Fundación, y ahora tienen ya 15 años y están incluidos en escuelas regulares. Andrés Vallejo pertenece a este grupo.  Es un chico que me ha llegado muchísimo por su carisma, bondad y cariño. Cada niño que asiste al Centro Infantil tiene una historia  personal de superación que contar.

El apoyo de los quiteños, ese amor tan cálido  y sincero que le brindan a la Reina es un empujón para seguir trabajando y realizando hermosas obras.

Toda esta actividad, este cúmulo de esfuerzos, las ganas de hacer más y no creer que ya todo está hecho, sino que hay que dar más y más, tiene una influencia sumamente positiva en mi vida.  Me ha ayudado a ver la realidad tal cual es y a apreciar esta oportunidad maravillosa que me ha brindado la vida al ostentar la corona que la llevaré siempre en mi corazón. ¡No hay nada que me haga sentir más gratificada, que dar una mano a los más necesitados!

Veo con claridad, por la experiencia de estos meses transcurridos, que la Fundación Reina de Quito es una red de apoyo muy fuerte. El trabajo es realizado con mucho amor y profesionalismo.  El crecimiento que he tenido como mujer y ser humano es inmenso. Nada me ha hecho más feliz que seguir apoyando a la Fundación al culminar mi reinado, y estoy segura que siempre trabajaremos en equipo. ¡Esa es mi meta, que la ansío de todo corazón!

El saber que he contribuido a mi ciudad para mi es sumamente importante.  Apoyar a la causa y cumplir con varios proyectos propuestos me ha demostrado que cuando uno se propone algo y le pone empeño, siempre se van a dar resultados positivos. ¡Estoy muy agradecida con mis  ex Reinas, familia y quiteños!

Iñaquito N37-265 y Villalengua, Quito - Ecuador

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