Sofía Arteta

Reina de Quito

1994 -1995

Luego de graduarme en el colegio empecé a trabajar en una agencia de viajes y estudiar idiomas. Fue mi actual marido, Hernán Cueva, entonces mi enamorado, quien me sugirió concursar. Recuerdo que cuando acompañaba a mi padre Pedro José en las campañas políticas, siempre soñaba incurrir en esa línea, pero él me decía que mejor trabaje por los demás en otro ámbito, por ejemplo, desde el reinado de Quito.

 

No me costó mucho prepararme para el certamen pues mi madre Gladys Porras había estudiado etiqueta, protocolo e imagen en Bogotá y desde chiquitas nos inculcó a mi hermana y a mí, el caminar bien, guardar una buena postura, etiqueta y maquillarnos.

 

El 24 de noviembre de 1994, día de la elección, resulté electa Señorita Patronato. La noticia la tomé realmente emocionada y feliz. Sabía que el trabajo que se realizaba en los Patronatos, en ese entonces hospitales para atención a personas de escasos recursos, era enorme y que yo podía aportar de una manera interesante.

 

Y así fue, desde el primer día junto a Gladys de Salas, Presidenta del Patronato San José nos pusimos a trabajar y a hacer una agenda apretada para equipar el área neonatal y cambiar algunas camillas y muebles en mal estado. Me acerqué a varias empresas privadas para donaciones y tuve un resultado increíble. Además, organicé Miss Colegial, con el apoyo de los colegios de la Capital. Fue un éxito total. Estaba realmente feliz porque el sueño que me propuse, en tan solo 6 meses, lo había logrado y estaba preparando la reinauguración de Neonatología.

 

Pero el 26 de mayo, cuando asistí como invitada a una subasta de cuadros organizada por la Fundación Reina de Quito y la Reina, Cristina Arellano, de pronto mi vida cambió por completo: Cris iba a renunciar a la corona por motivos de estudios en el exterior, y por ende, yo asumiría el Reinado. La noticia me cayó como balde de agua fría.

 

A la mañana siguiente, todos los periódicos y noticieros hablaban del cambio de Reina en la ciudad. En cuestión de horas tuve que llamar a Cristina Salgado, Señorita Confraternidad, para que me acompañara a la Alcaldía para asumir la corona de Reina y ella la de Señorita Patronato. Tuve que ir a la notaría para averiguar quién había quedado en cuarto lugar para que asuma la responsabilidad de Señorita Confraternidad. ¡Fue un día de locos!

 

Y un 27 de mayo asumí, la designación de Reina de Quito en el despacho del Alcalde. Una fecha muy especial para mí porque era un aniversario más de la muerte de mi papi quien fue mi inspiración para ser candidata.

 

Tuve mi primera reunión con la Fundación y no puedo negar que estuve con un poco de nervios, pero inmediatamente me acoplé y trabajé con todas las ex Reinas. Logré realizar el concierto del grupo mexicano Magneto, la consecución de un financiamiento del Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE) que aceleró el proceso de construcción del Centro Terapéutico, y una corrida de toros en la Plaza Belmonte. Participé también en inauguraciones de obras como el camal del SUR y el Centro Cultural del Sur. Y cerré mi reinado con broche de oro, organizando conjuntamente con TEAM Producciones, mi auspiciante de candidata, el mega concierto de Bon Jovi.

 

Debo mencionar que mi mayor logro fue la construcción de las primeras oficinas de la Fundación Reina De Quito, una casita prefabricada pequeña pero hecha con mucho amor. Este era un anhelo que las ex Reinas habían tenido durante diez años, ya que no contaban con un espacio para reunirse ni un sitio donde centralizar su gestión. Contraté a la primera Directora Ejecutiva, Noemí Albuja de Izurieta, una secretaria y un mensajero cobrador; y se adquirieron muebles y equipos de oficina. Siempre conté con el apoyo incondicional de Jamil Mahuad, Alcalde de Quito.

 

Fueron seis meses intensos pero muy satisfactorios. En muy poco tiempo alcancé logros que no hubiera imaginado. El reinado resultó una verdadera universidad en la que maduré. Hasta entonces, recuerdo, yo vivía en una burbuja, con un desconocimiento total de muchas realidades y en esos meses me sensibilicé. Aprendí a comunicarme mejor; a valorar mucho más a las personas que me rodeaban; me volví más generosa, no tan apegada a lo material; y entendí que hay distintas personalidades y que una debe respetar a los demás.

 

Empecé mis estudios dos años después, tras casarme a los veintiuno. Seguí Relaciones Públicas, Marketing y Comunicación en la Universidad San Francisco y me gradué con ocho meses de embarazo de mi hijo Hernán José; luego vendría mi hija Isabella.

 

Ahora puedo decir que esta experiencia marcó mi futuro completamente, ya que no me he separado de la Fundación ni un solo instante, ya que primero fui Directora de Eventos, luego Presidenta del Directorio y ahora Directora Ejecutiva.

 

Nunca habría imaginado tener el trabajo ideal en mi vida. Me encanta estar con las ex Reinas, haciendo planes y proyectos, y poniéndolos en marcha. Es una satisfacción que no puedo describir. El trabajar diariamente con las Reinas que han sido elegidas, me ha permitido tener una amistad indestructible al aconsejarles en lo que puedo, escucharlas, ayudarles en sus proyectos, y lo más importante, lograr que sigan integradas a la Fundación luego de su año de reinado. Además, todos los días trabajo para los niños con síndrome de Down, para las familias. ¡Yo no cambiaría mi trabajo por nada!

 

El ser Reina de Quito no es lo que mucha gente puede llegar a creer: un rostro bonito, un cuerpo espectacular; sino que es una persona con un corazón noble que se nutre de la experiencia de las otras reinas, con un corazón generoso que escucha consejos que le dan con la mejor buena fe del mundo; con sensibilidad e inteligencia para saber qué es bueno y qué no, como también para asumir la tristeza que producen muchas realidades que se desconocen. En fin, es una persona que debe tener entereza para enfrentar los retos y las dificultades y, sobre todo, para trabajar en las soluciones.

 

En ese sentido y es algo que quiero recalcar, la Fundación es una familia. Me apoyan en los programas que propongo. Estoy súper orgullosa de mi grupo, de esta familia que hemos formado. Cada miércoles que nos reunimos es un desfogue de ilusiones, de iniciativas y a veces también de tristezas, preocupaciones y problemas. Es una familia a la que hay que aplaudir… y que me confirma que sí valió la pena ser Reina de Quito… no por la banda, la corona, el glamour o las fotos, sino por el afán de trabajar y la convicción de que, con esa labor, la vida se te cambia completamente. ¡Y para bien, desde luego!

Iñaquito N37-265 y Villalengua, Quito - Ecuador

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